El beneficio se concentra en las mujeres con niveles muy bajos de estos ácidos grasos

Estas moléculas juegan un papel clave en el control de la respuesta del sistema inmune. Los investigadores piensan que en las mujeres con bajos niveles de omega-3 se produce un desequilibrio que favorece la inflamación, y que también podría afectar a sus fetos. Los pulmones de estos niños serían más susceptibles a inflamarse, lo cual podría llevarlos a sufrir asma con el tiempo.Según Bisgaard, los suplementos de omega-3 “son un tratamiento preventivo libre de riesgos utilizando ácidos grasos esenciales, que el cuerpo necesita pero no puede producir, como las vitaminas”. Bisgaard subraya además que “es probable que tengan efectos preventivos a largo plazo en asma y posiblemente en trastornos inflamatorios crónicos similares”.“Como comentario personal, mi hija se quedó embarazada recientemente, y está tomando aceite de pescado a diario desde entonces”, declara el investigador. “Sin embargo, mi interpretación personal es distinta de una recomendación a nivel global”, especifica Bisgaard.Comprobaciones necesarias“Aunque estos resultados son altamente prometedores, la prudencia está justificada”, escribe en un editorial en la misma revista Christopher Ramsden, investigador médico de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. Ya que la cantidad de omega-3 que contenían los suplementos utilizados en el ensayo era muy alta, Ramsden recalca que es de suma importancia comprobar que a estas dosis los ácidos grasos no tengan efectos adversos.Según puntualizan otros investigadores en el mismo número de The New England Journal of Medicine, este no es el primer ensayo sobre los efectos de los suplementos de omega-3 durante el embarazo. Estudios anteriores se habían traducido en resultados ambiguos sobre si realmente eran eficaces previniendo el asma, pero en muchos casos tenían una metodología más limitada y menor potencia para conducir a conclusiones claras.Bisgaard también coincide en que son necesarios nuevos estudios para confirmar los resultados en otras poblaciones, ya que su grupo ha demostrado que la genética influye en el beneficio que se obtiene de los suplementos. También falta esclarecer qué dosis serían las adecuadas antes de que se hagan recomendaciones clínicas, que normalmente se basan en revisiones de múltiples ensayos.“El problema es que esta clase de estudios no tiene interés comercial para la industria”, lamenta. Aunque demostrar el papel protector de los suplementos de omega-3 favorecería su venta, Bisgaard señala que la industria farmacéutica se centra más en controlar las enfermedades. “No tienen ningún interés en prevenir la enfermedad con pescado”. Por eso, financiar estudios a largo plazo es “muy complicado”, declara.Fuente: La Vanguardia