Las muertes recientes por consumo de pastillas y alcohol ponen en alerta a los padres, que muchas veces ignoran hasta dónde las fiestas exponen a sus hijos a químicos que el cuerpo no puede tolerar.
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El consumo excesivo de alcohol lleva aparejados riesgos graves de salud a largo plazo, como enfermedad cardiovascular, cirrosis, cáncer y adicción, pero éstos son peligros que el joven no asume como propios: “sienten que son inmortales, que difícilmente les va a suceder algo, y que eventualmente es un daño lejano y futuro. Sin embargo, es el camino necesario para comenzar a desarrollar la adicción”, reflexionó el Dr. Kalina.Muchos padres encuentran dificultades para controlar estas conductas en sus hijos. Incluso ellos mismos indirectamente las promueven cuando se jactan de la cantidad de vino o champán consumido en un encuentro familiar o entre amigos y validan su ingesta construyendo una asociación insalvable entre el bebedor excesivo y la diversión. “No debemos olvidar que los chicos son permanentes imitadores y frente a ellos tenemos que ser coherentes con nuestras conductas y transmitir y educar sobre la base de hábitos saludables, no de los otros. ‘Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago’, es un inductor por excelencia”, afirman desde el Brain Center. Mirá también
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La adolescencia como etapa: el punto débilLos adolescentes, en su afán de conocer el mundo, se conducen a explorarlo, a la par entrarán en cuestionamiento con lo conocido familiar en la necesidad de construir paulatinamente lo propio. En los rituales iniciáticos que acontecen en la entrada a la adolescencia y de pasaje a la adultez, son frecuentes prácticas probatorias de distinta índole, y entre estas prácticas, es frecuente el consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas. Estos rituales se observan en distintas épocas y en diversas culturas. Una diferencia para destacar con otros momentos o en civilizaciones más antiguas respecto de nuestro tiempo, es el modo regulado que organizaban estas prácticas con un grado de mayor efectividad, en el sentido del pasaje. Esta regulación en el inicio del consumo en los jóvenes, se efectivizaba por parte de adultos, quienes actuaban a modo de guías. Mirá también
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Cabe preguntarse… ¿por qué el alcohol se impone de manera tan asertiva entre los adolescentes? ¿qué expectativas se generan alrededor de los beneficios que puede otorgar? ¿sentido de pertenencia? ¿posibilidad desinhibirse frente a situaciones que atemorizan? ¿la creencia de una mayor diversión? Las campañas de prohibiciónMal que nos pese, la idea de la prohibición, no viene resultando. Las campañas de prevención que como estrategia plantean la idea de la prohibición, bajo ciertas amenazas solapadas, tampoco son efectivas. Las prácticas tendientes a reducir los riesgos y el daño pueden resultar efectivas, si las pensamos como estrategias posibles. Por ejemplo, la idea que propone, “Si vas a tomar alcohol, no manejes” asociada a programas de conductor responsable o designado. El que maneja no toma alcohol, allí la idea no es prohibir, sino proponerle a un grupo de jóvenes, que sean agentes de autorregulación entre ellos y que, frente a la decisión de consumir, uno haga la diferencia. Idea interesante, que apela a la responsabilidad de uno y de todo el grupo. La idea de ser agentes de autorregulación, es interesante, basta con mirar lo que ocurrió con la prohibición de fumar en lugares públicos. Se pudo llevar a cabo, porque la esencia no es prohibir, sino regular que, en ciertos espacios compartidos con no consumidores, no se fume. Y que el que quiera fumar, puede hacerlo, en otros espacios, abiertos. Pero tal vez, lo más interesante de destacar, que esa regulación fue posible, porque todos, de alguna manera, participamos y fuimos capaces de intervenir si alguien no cumplía con la reglamentación. Mirá también
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Consumo responsable puede resultar disonante, pero pensemos frente a lo inevitable en la decisión de consumir…Responsabilidad va de la mano de establecer ciertos cuidados. Es importante conocer que ciertos modos de consumir son más perjudiciales que otros y conllevan un aumento en la mortalidad y la morbilidad de quienes sostienen ciertas prácticas (por ejemplo compartir jeringas, mezclar ciertas sustancias con efectos antagónicos, descuidar la hidratación, etc.).Actuar responsablemente1. Hace falta compromiso, participando activamente en la concientización, información y acompañamiento con estrategias de cuidado.2. Resulta necesario generar en los adolescentes una posición crítica para no ser espectadores pasivos, por ejemplo frente a publicidades que prometen éxito y logro de status a través del consumo de ciertos objetos.3. Apelando a la capacidad para cuestionar y revelarse frente a lo instituido, propia de la adolescencia, acompañar abriendo posibilidades de discusión y debate.4. Cabe por supuesto la responsabilidad del Estado, con el diseño de políticas públicas que avalen con acciones concretas, planes de atención y prevención en todo el país, y con la especificidad que cada consumo significa.5. Hace falta contextos de adultos involucrados, que estén dispuestos a no claudicar en su función.Sabemos que no es fácil, pero si cada uno se compromete desde el lugar que le toca y convencido, es posible concebir que no todo está perdido.Asesoraron: la licenciada Graciela Bergara. Psicoanalista. Socia activa de la AEAPG; el doctor Eduardo Kalina, Médico Psiquiatra, Master en Adicciones. Director Médico del Instituto de Psiquiatría Psico-Neurobiológica Brain Center. Mirá también
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Fuente: clarin.com