MUJERES, TRABAJO INFORMAL Y POBREZA.
Norma Yalila Casanova*
Tres conceptos interrelacionados que nos llevan a la desigualdad basada en el género. Son las tendencias en el lugar de trabajo y las condiciones en las que viven las familias que tienen a una jefa de hogar, ante la inclemente ausencia del progenitor masculino. Esperamos, (sin querer entrar en una complejidad analítica de conceptos), dar una respuesta a las inquietudes que generan las noticias de una niña que muere de hambre y un niño que se quema dentro de su casa, como la expresión más burda de la pobreza.
En Bolivia, ha subido el número de mujeres que participan en el empleo remunerado, así como también se nota que hay un aumento en la participación en esferas políticas y en espacios de toma de decisiones. Sin embargo, ningún esfuerzo ha sido suficiente para disminuir la segregación basada en el sexo, con mujeres en empleos de menor calidad, en empleos irregulares y en el comercio informal, con mujeres asumiendo dobles roles y con una niñez que le toca ser víctima de este sistema.
La situación de la mujer no es alentadora en el mercado de trabajo, a pesar de que las brechas de desigualdad salarial se han ido acortando, pero no se ha podido evitar que haya subempleo, desempleo, precariedad laboral e inestabilidad para la profesional. A la invisibilización y marginalidad del trabajo femenino, se suma a las responsabilidades domésticas que asume y a la prestación de servicios no remunerados con los enfermos y ancianos de las familias, colocándola con menores posibilidades para desarrollarse personalmente.
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Desde que subió el salario mínimo nacional, muchas mujeres perdieron la fuente de trabajo cuasi estable, teniendo ahora que trabajar sólo medios días, jornadas de limpieza en diferentes lugares y en los talleres de costura sólo bajo la forma de destajo. Las empresas familiares las hacen trabajar sin percibir ningún salario y esta situación las coloca en un estado de vulnerabilidad, ya que anula la opción a tener seguridad social, jubilación, ni a recibir formación o capacitación para poder salir de éste círculo que la mantiene en la pobreza.
Partiendo de la disyuntiva de formalidad versus informalidad, podemos intuir que a mayor formalidad, se tiene un ejercicio de derechos mayor que en la informalidad en sectores como producción agrícola, producción de textiles, servicios y construcción, incluyendo el sector del comercio que consideramos que es el que mueve la mayor parte de la economía informal en nuestro país.
Las desigualdades basadas en el sexo, no son naturales e inamovibles, pueden transformarse. Las estructuras y relaciones de poder, los procesos socioeconómicos y la políticas deben volcar esfuerzos para disminuir la exclusión social, ya que las víctimas son los niños y niñas, que junto a sus madres viven la angustia de no tener la alimentación segura, de hacer las tareas domésticas en las que el fuego y el agua se constituyen en armas mortales.
