Arturo Yañez CortesUnos amigos que por lo visto, me estiman bastante, me han propuesto fuera candidato a Magistrado en las próximas elecciones judiciales. Por su parte, otros colegas a quienes considero conocidos, lo mismo, aunque estos toreándome puesto que piensan que ya que soy tan crítico con el sistema de administración de justicia, debiera afrontar la candidatura para intentar cambiarlo. A ambos les solté una carcajada y – bien abogado al fin al cabo- les prometí responderles por escrito.Pues promesas son promesas, aquí va mi respuesta (no porque considere que al lector le importe esta cuestión personal, sino porque estimo que much@s colegas coincidirán con mis razones).A esos efectos, divido mis motivos en dos clases: de índole principista y de índole operativo. Entre los primeros, fuera imposible presentarme, ya que especulando que por algún milagro superaría la fase a cargo de la Asamblea Legislativa azulada y sus adornos de la U y, fuera finalmente elegido, seguro no duraría ni un mes de Magistrado, toda vez que me comportaría precisamente como tal: tercero imparcial; lo que así como están las cosas, con un régimen que lo controla absolutamente todo y exige ciega sumisión a sus intereses particulares, no sobreviviría… (Pregunten sino al ex Magistrado Cusi, pese a que provino de sus filas…).Es decir, la única manera de asegurar la permanencia en el cargo siquiera a corto plazo de un magistrado, no es mediante el ejercicio de la función natural de juez como tercero imparcial, sino exactamente lo contrario. No existe la menor posibilidad que los futuros magistrados tengan seguridad jurídica para el debido ejercicio de sus funciones y quienes están dispuestos a candidatear, más allá de sus buenas intenciones, cobro de facturas por su servilismo ya probado o su ingenuidad, deben saberlo y estar dispuestos a pagar esa muy onerosa factura. No es mi caso.En ese rubro está también la ninguna garantía de transparencia que el proceso de selección presenta. Nadie en su sano juicio podría esperar que la Asamblea Legislativa Plurinacional, por muy adornada que esté con representantes universitarios (muchos de los cuales, han dado además sobradas muestras de vestir la divisa azul), realice un proceso de selección que no esté significativamente teñido de intereses partidarios, a la vista de los intereses en juego (rerererelección, entre otros). Definitivamente, como ha venido ocurriendo sistemáticamente desde años atrás, l@s candidatos que irán finalmente a la elección, no serán escogidos por consideraciones meritocráticas, sino simple y llanamente por consignas partidarias (acuérdense del papelito que circuló en la anterior) lo que garantiza que –como ocurrió con las anteriores “elecciones” judiciales- no pasarán los idóneos para el cargo, sino los dispuestos a todo, con tal de ser, aunque sea masistrados.Tampoco es mi caso.Por otro lado están las cuestiones que las denomino operativas. Creo que como toda persona y profesional con una trayectoria (buena, mala, bien no más, etc.) el candidatear en las anteriores condiciones, constituye un altísimo riesgo para ese proyecto de vida. Renunciar (los que están en la función pública) y, si fueran electos, dejar sus funciones privadas (clientela, trabajos y hasta encarar un eventual cambio de residencia), parece ser una aventura muy difícil de asumir por quienes tienen una trayectoria profesional que ha costado ganar en el tiempo. Así que paso, muchas gracias por sus buenos pensamientos o intento de toreo, pero lo mío es vivir en paz y no prestarme a ser instrumento desechable del ejercicio abusivo del poder, olvidándome de mi conciencia y valores. Como dice Zaffaroni: “Si quieren hacer un modelo de Estado totalitario y sin garantías, no cuenten conmigo”.El Día – Santa Cruz