Clasemediero a medias

José Luis Bolívar Aparicio (*)

 

Sin hacer un análisis muy a fondo pero siempre preguntándome lo mismo, al ver las últimas imágenes del desaparecido Michael Jackson, venía a mi mente una interrogante. ¿Qué habrá sido lo que realmente veía él cuándo se miraba al espejo?

Y es que meses antes de su muerte, ese hombre, delgado en extremo y de un tono de piel casi fantasmal, no tenía nada que ver con el exitoso moreno que ganó nada menos que 8 Premios Grammy y puso de media vuelta a toda una generación en los años ochenta con su álbum Thriller.

¿Qué es lo que le puede pasar a alguien para necesitar transformarse tanto? Dejar de ser lo que uno realmente es, por alguien que necesita ver o sentir y que a veces, gracias a tanto cambio, termina odiando lo que era y en lo que se trasformó.

Mucha gente tiene una eterna pelea con el lente de las cámaras y guarda la esperanza en saber que no se ve bien en la foto debido a su mala fotogenia. Sin embargo, es en la soledad y frente al vidrio reflector donde cualquier excusa sale sobrando y uno logra mirar lo que realmente es.

Muy pocas personas deben tener la suerte de aceptar lo primero que ven o que saben que con pocos retoques, aquello cambiará de acuerdo a su gusto y deseo.

El hombre por lo general no es de muchos detalles, pero vaya que sufre cuando los cabellos se empiezan a despedir de la cabeza y es peor cuando lo abandonan por completo.

En cambio para las damas, el asunto es mucho más complicado, la falta o exceso de curvas son su eterno dilema y a ello le añaden siempre las arrugas aunque no vean ninguna. El pelo, las uñas y tanta otra orna que deben poner o sacar para que lo que refleje el espejo sea sino de su total agrado, al menos de su complacencia.

Pero al final, siempre se sabe que más allá de las transformaciones, lo que uno ha visto antes de empezar los retoques, es lo que finalmente se es. No se puede contra ello, y no es su culpa ni su responsabilidad, es lo que le dieron genéticamente sus padres.

Al ser humano le cuesta entender que las modificaciones más valiosas que se pueden conseguir, son las que se logran a plan de cultivar mente y alma con estudio y auto superación. Si además se puede mejorar en base a ejercicio, dieta y disciplina serán su único complemento de real valor.

Por todo ello, cuando lo escucho o leo al Vicepresidente, don Álvaro García Linera referirse a la clase media, hago el mismo ejercicio mental de preguntarme ¿qué es lo que ve cuando se mira al espejo?

Más de una vez ha dicho que él es un indígena encerrado en el cuerpo de un blancoide, pero aunque trate con todo entusiasmo de mentirse a sí mismo, querer hacernos creer al resto de bolivianos semejante falacia es absurdo, muy dentro de él, sabe perfectamente que no es otra cosa más que un “clasemediero” como dice él mismo intentando a como dé lugar perder una identidad de la cual no podrá nunca escapar.

Nació en cuna de clase media, se formó escolarmente entre niños y muchachos de clase media, cuando le tocó ir al cuartel, buscó una salida muy de la clase media de los 80’s que era la de acudir a cualquier pretexto con tal de eludir su responsabilidad con la Patria haciéndose pasar por inhábil (algo que sabemos que no es) y por último, accediendo a una economía digna de la clase media, emigró del país buscando en otros lares la formación profesional que le debía proporcionar un título profesional y vaya a saber uno por qué no lo pudo obtener.

A su retorno y después de su fracaso como foquista, dado que el antiguo sistema judicial contra el que tanto se estrella supo hacerle justicia y no porque haya cumplido su condena, sino porque los funcionarios encargados de juzgarlo fueron incapaces de hacerlo, en cuanto le asistió su derecho a ser libre, en vez de hacer lo que pregona y formar filas en la clase indígena u otra de economía marginal, se quedó de intelectual citadino, dando clases universitarias (sin el debido derecho) y asistiendo a programas de debate televisivo haciendo gala de su elocuente pensamiento como cualquier simple burgués.

Hace un par de días, en muy pocas horas, tanto el Presidente como su fiel escudero se dedicaron de diferente manera a difamar a la ya tan mentada clase media. Don Evo Morales en conferencia de prensa una vez más le dijo clase a medias y recordó su permanente inconformidad con cualquier medida que se tome y que afecte sus intereses, quitándole cualquier vestigio de condición revolucionaria. Por su lado, el Vicepresidente aprovechó una entrevista televisiva con un popular conductor que nuevamente hizo gala de su condescendiente repertorio de preguntas, para darle a la clase media con todo para que tenga, guarde y ahorre.

Haciendo alusión al paro médico, representó dibujos de por medio, cómo los estratos sociales de Bolivia habían variado en los últimos 12 años. Gráficamente mostró que antes del 2005 el triángulo estaba compuesto con una punta ocupada por el 5% que era la clase alta, en el centro la clase media era el 35% y la base era ocupada por un enorme 60%. Gracias a la formidable tarea en el rubro económico y la cátedra de administración del estado de los últimos 12 años, el triángulo se convirtió en rombo. La clase privilegiada sigue en la  cima con la misma cifra, la base con los aún rezagados sólo llega al 35%, pero los que vieron su número altamente incrementado son los de la clase media llegando al 60%.

Sin embargo es ahí donde vio los inconvenientes, puesto que a este grupo lo dividió en dos. Por un lado está la que denominó arcaica, obsoleta y decadente, con apellidos tradicionales, con cargos tradicionales y sobre todo privilegios tradicionales que se han visto avasallados por una nueva clase media “emergente” (que se supone pertenece a quienes salieron del 60% que eran clase baja), que está desplazando a los anquilosados antiguos clasemedieros y que ante semejante asonada, tuvieron que organizarse en colectivos ciudadanos y con protestas de por medio como la de los galenos, están disputándole el poder a estos ciudadanos acomodados en su nuevo estrato social que con apellidos y títulos no tradicionales van a ser quienes a futuro le den la línea a seguir para todo el grupo “decadente y de salida”.

Para afianzar su idea, puso de ejemplo nuevamente un caso del actual conflicto de salud. Dijo que antes, la planificación de un hospital de cuarto nivel podía recaer en un profesional de larga carrera de unos 60 años, en cambio hoy lo hace una ministra de 28 años, y que esa era la causa real de tanto alboroto. Y entonces uno a vuelo de pájaro se dice que si esa es la visión del Gobierno sobre el conflicto médico estamos realmente perdidos. Además de no poder entender si  la ministra Ariana Campero Nava, alguna vez perteneció a la clase pobre para convertirse ahora en la nueva clase media emergente.

Lo del Vicepresidente con su tesis y proyecto de afectar a los ciudadanos del país que son los que se dedican a trabajar, generar empleo y economía, pagar impuestos, obedecer las leyes, crear ciencia y tecnología (así sea escasa), buscar cada vez más y mejores condiciones de vida, construir y dar vivienda, adquirir la producción nacional (generando el famoso consumo interno del que tanto se ufana el ministro de Economía) y hacer marchar al país, solamente se está dando un tiro en el pie. Lejos está de poder arrancarle el alma y la moral para dejarla sin fuerzas de lucha como era su deseo e intención. Cuando pudieron no lo hicieron por temor o como tanto le gusta decir a su hermano, por culipandear, hoy por hoy lo que quieran hacer ya es imposible.

Por otro lado, si tanto se pavonea de ese amor casi magnánimo por los pobres y los campesinos, debería dejar de hablarles con ese tono lastimero, paternalista y bobalicón de escuela primaria, con ejemplos y parábola idiotas que ya nadie le puede atender. Esa forma de tratarlos realmente es un acto colonialista y discriminador, pues discurseando como lo hace les debe hacer sentir como si tuvieran parálisis mental y no pudieran darse cuenta de la realidad. ¿De veras no le da pena decir tanta sandez?

Don Álvaro, aproveche el momento de afeitarse no sólo para verse la cara y no cortarse, emplee ese instante para ver en ella su esencia y no renegar de lo que es, fue y seguirá siendo. Al final, negándose a sí mismo y queriendo ser otro, no va a pertenecer a un diferente estrato social en el que por cierto nunca ha vivido. Seguir renegando de su realidad sólo lo va a convertir en un paria para los unos como para los otros que también se van a cansar de sus mentiras.

 

(*) Es paceño, stronguista y liberal

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