¿Podremos convivir en paz?

Editorial. El Nuevo Dia. Los espartanos arrojaban desde el monte Taigeto, a 2.400 metros de altitud, a los discapacitados y a todos aquellos que al nacer denotaban una complexión débil. Esparta era un pueblo guerrero y conquistador y necesitaba asegurarse ciudadanos fuertes, aptos para la contienda bélica. En menos de un mes, el Gobierno del MAS, muy predispuesto a la violencia, ordenó en dos ocasiones la represión de un puñado de minusválidos que han estado exigiendo -sin éxito-, el cumplimiento de un compromiso gubernamental del pago de un bono anual que les asegure una vida menos penosa.

La actitud oficial, ensoberbecida por los resultados del Referéndum Revocatorio, se enfrentó con una durísima reacción ciudadana que, por tercera vez en lo que va de la presente gestión gubernamental, terminó con policías arrinconados y un resentimiento mayor hacia esta presencia prepotente y abusiva del Estado central en una región. Antes, recordemos, sucedió en Sucre y luego en Camiri, sin mencionar el repliegue obligado de los militares en Viru Viru y en el estadio Patria.

Sin percibir el ahínco con el que cuatro regiones han rechazado el proyecto político del MAS y el fervor con el que han apoyado el proceso autonómico, el vicepresidente Álvaro García Linera, ha dicho, con el mismo aire majestuoso con el que los espartanos querían dominar los pueblos vecinos, que en Bolivia se ha acabado la fractura oriente-occidente lo que tal vez quiere decir que se terminó el famoso “empate catastrófico”, concepto que él mismo acuñó cuando fungía de analista político. Tal vez concluya que, con la consulta del 10 de agosto, ha llegado el punto de “bifurcación” al que tanto se ha referido en sus sesudos análisis, entendido éste como el momento en que uno de los bloques en pugna, impone su hegemonía sobre el resto del país.



Los afanes de perpetuidad y el discurso de confrontación que se han exacerbado en el MAS con la ratificación de Evo Morales, pueden acelerar aún más el “escenario destructivo” que ha estado perpetrando el oficialismo. El próximo paso, dentro de su cronograma de encaramamiento sobre las manifestaciones políticas y sociales del país, es la convocatoria a un referéndum para aprobar la espuria constitución de La Calancha, donde está resumido el modelo de centralismo presidencialista con un profundo sesgo comunitarista y originario, con el que pretende mantener bajo un control total y absoluto a regiones que están a gran distancia de esas realidades.

Lo ocurrido el viernes en los alrededores del Comando de la Policía es la demostración de que será imposible para el MAS imponerse por la fuerza, al no haber podido convencer a la Media Luna sobre su proyecto indigenista y totalitario. El paro cívico anunciado, al que se llega con los ánimos caldeados, y lo que ocurra en las siguientes semanas serán determinantes para que el MAS y las regiones opositoras comiencen a buscar la sinceridad y decirse entre ambos cómo pueden convivir pacíficamente.

Lo ocurrido el viernes en el Comando de la Policía es la demostración de que no será fácil para el MAS imponerse por la fuerza. El paro del martes, al que se llega con los ánimos caldeados, será determinante para que ambos bloques busquen la forma cómo pueden convivir pacíficamente.