Termómetro político

El Nuevo Día. 25 de agosto de 2008. De cualquier modo, la agenda del Gobierno no va por el lado del diálogo. Es decir, le importa un bledo lo que diga la media luna. Y su razonamiento no es loco, es casi lógico: con un 67% de votos, no dialogo ni con la virgen. Porque el Gobierno jura que «voto» significa fuerza política.

I. La semana pasada

La semana que pasó, vino marcada por las amenazas y por los preparativos: preparativos de agresión de todos contra todos.



En efecto, todas las fuerzas de la política boliviana afilan el cuchillo porque se viene el conflicto grande, que es el conflicto en torno a la constitución del MAS. El MAS anunció que impondrá su constitución en un referendo pese a quien le pese. Argumenta que ese es el camino del cambio.

Por su lado, la media luna, responde diciendo que aprobar esa constitución tiene tres problemas muy graves.

Uno, la tal constitución en sí misma, porque está cargada de un socialismo centralista y andino: lo cual quizá funcione para los Andes, la economía, la política y las culturas andinas, pero no para el resto.

Dos, el método como el MAS aprobó ese texto constitucional: entre masistas, sin consensos, con fuerza militar y con muertos en la mesa.

Y tres, que un referendo por la constitución no puede hacerse ahora, ya que el sistema electoral no es confiable. Es decir, temor al fraude.

De cualquier modo, la agenda del Gobierno no va por el lado del dialogo. Es decir, le importa un bledo lo que diga la media luna. Y su razonamiento no es loco, es casi lógico: con un 67% de votos, no dialogo ni con la virgen. Porque el Gobierno – muy liberal y burgués como es – jura que «voto» significa fuerza política. Y, cuando uno se siente fuerte, la única reunión que uno busca con el rival, es la reunión donde el rival entregara su rendición incondicional. El Gobierno no busca – ni tiene porque hacerlo – diálogo alguno con la media luna.

Y a decir verdad, la agenda de los prefectos y los autonomistas, tampoco anda por el camino dialogador. Y mucho menos por el camino de la rendición. Los prefectos también se sienten fuertes, ¿Por qué habrían de rendirse? Los prefectos y los autonomistas, tienen una estrategia defensiva y en esa defensa, no cabe diálogo alguno. De hecho, es muy probable que cualquier gesto dialogante, sea interpretado por el Gobierno – que se sienta tan fuerte – como señal de debilidad y consecuentemente, como señal que ha llegado la hora de saltar al cuello de los prefectos.

En otras palabras, el diálogo no cabe en ninguna de las estrategias que hoy por hoy manejan las fuerzas. Ambas fuerzas, autonomistas y gobierno, solo sobreviven esta lucha si es que aceleran y profundizan el conflicto y la confrontación. Ambas partes saben que la confrontación, a medio plazo, puede tener dos resultados: vencer al rival o negociar con él. Vencer al rival implica profundizar la confrontación hasta aniquilarle políticamente. Y negociar, también, implica profundizar el conflicto…hay que fortalecerse en la lucha si es que mañana habrá negociación.

Esto no es un empate. Esto es el momento previo a la confrontación grande. ¿Quién ganará? Probablemente todos perderán y quizá el resultado de un conflicto de esa magnitud, sea que el presidente Morales, quien recibió un país, entregue – al marcharse – dos países.

II. La semana que hoy comienza

Será semana de conflicto político. El conflicto cada vez se depura más. Lo del IDH son las preliminares. Lo del bloqueo masista en torno a Santa Cruz es táctico, no estratégico. La proclama de bloqueos del Chaco es un paso, no es el punto final. Y cada cosa que haga el MAS esta semana (incluido el lanzamiento de su constitución), y cada cosa que hagan los autonomistas, son pasos: pasos hacia la sacadera de mugre que todos nos estamos trabajando poco a poco y desde hace tiempo.