La “periodista”, entre la intolerancia y la impostura

Es un personaje que para vergüenza del gremio incursiona impunemente desde hace varios años en el periodismo, si se puede llamar así a lo que ella hace. Se trata de la incombustible Amalia Pando cuyo cinismo y prepotencia se ha hecho proverbial.

Es bueno conocer algunos antecedentes de esta persona para estar prevenidos. Resulta que el año 1973 ella estudiaba periodismo en Chile, que por esos años y bajo el gobierno de Salvador Allende se convirtió en La Meca de buena parte de la izquierda latinoamericana.

Las veleidades políticas de Amalia Pando se remontan a esa época. Se adscribió a una de las tantas tendencias del trotskismo, más concretamente al grupo Macul, radical entre los radicales y que propugnaba la lucha armada. Es en esas circunstancias que nuestro personaje realiza, en el mes de julio en Chile, un atentado terrorista contra una planta de electricidad.



Es conveniente hacer notar que dicho acto terrorista se efectuó bajo y contra un gobierno democrático, de izquierda, además. De esta forma se estableció una coincidencia objetiva entre Amalia Pando y los militares encabezados por Augusto Pinochet que en poco más de un mes, derrocarían mediante un cruento golpe de Estado al presidente Allende imponiendo un sangriento régimen.

Luego se fue a las Europas a pasear su desvelado ultrismo y lamentablemente se le ocurrió retornar a Bolivia una vez recuperada la democracia y entró a trabajar en el canal estatal, desde donde, genio y figura, impulsaba las tantas «huelgas salvajes» que tuvo que confrontar el gobierno de Hernán Siles Zuazo. En esa época el canal 7 fungía como un sindicato, cuyos trabajadores respondían a los paros de la COB.

Ya en el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada se convirtió en defensora de este y de una de las medidas más cuestionadas como es la capitalización de las empresas del Estado. Amalia Pando, por entonces en PAT no ahorraba adjetivos para elogiar a la capitalización y su mentor.

Fue una invitada de privilegio a las giras que realizaba Goni por el exterior.

Amalía Pando, en PAT, renegando de su pasado izquierdista, era también conocida por el trato despótico que daba a los empleados y más de uno se alegró cuando salió por la ventana de ese canal.

Luego no tardó en ubicarse en la Cadena A, que supuestamente se encuentra en las antípodas del trotskismo de sus años juveniles, desde donde seguía lanzando elogios a Sánchez de Lozada durante su segundo gobierno. Sin embargo, con ese olfato que le caracteriza, supo darse cuenta hacia donde soplaba el viento y en las últimas semanas del régimen de Goni se convirtió en una de sus más feroces críticas, alentando a los alteños en sus movilizaciones violentas contra el gobierno, pese a los favores recibidos de manos de Mauricio Balcázar, el yerno de Sánchez de Lozada.

Luego consiguió ubicarse en la red Erbol, pro oficialista, desde donde en forma cotidiana lanza una indigerible sarta de medias verdades que pondrían verde de envidia al más diestro de los sofistas. Esta vez su afilada lengua está al servicio de Evo Morales a quien defiende con entusiasmo de fanática militante, al igual que lo hace noche tras noche en el canal estatal.

Ahora, la otrora «revolucionaria troskista», es una próspera empresaria de medios. Tiene una productora de televisión que, vanidosa como es, lleva las siglas de su nombre AP. Su empresa muy bien montada, es privilegiada con toda la millonaria publicidad del gobierno y como si fuera poco, cobra suculentos ingresos del canal estatal por sus programas diarios y otro que produce cada domingo. Le tiemblan los empleados de su empresa y solo alcanzan a murmurar en voz baja, el mal trato y los bajos sueldos que reciben de la «feróz Patora», como la llaman.

Como este personaje hay muchos otros «comunicadores», al servicio incondicional de Evo y el MAS, distribuidos no solo en medios estatales y los llamados sociales o comunitarios, sino en cadenas de radio y televisión privados que, seguramente, seguirán fieles al «proceso de cambio» mientras gocen de las mieles del poder.