Más de 3 millones de bolivianos dejaron de comprar alimentos básicos

El PNUD alerta que la pobreza crece en Bolivia.

Un 15 por ciento de incremento en los precios puede llevar la indigencia a muchas familias.

imageAumentan los que piden limosna en lasa calles de La Paz*



OPINION

Darynka Sánchez A.

En el país, 3 millones 200 mil personas ya dejaron de comprar la canasta básica de alimentos y si las autoridades gubernamentales, departamentales, municipales, no ejecutan un plan de seguridad alimentaria para paliar los efectos de la crisis alimentaria mundial y de la misma inflación boliviana, pronto surgirán otros 186.000 a 392.000 nuevos pobres alimentarios, de acuerdo a un estudio del Grupo Interinstitucional de Desarrollo Rural (G-DRU).

Las amas de casa que frecuentan los mercados bolivianos se quejan del constante alza en el precio de los alimentos y aunque algunos spots publicitarios han difundido la idea de que estos incrementos son el fruto de una pulseta política entre el Gobierno y los empresarios o productores, en los hechos, la elevación generalizada en los precios de los alimentos sólo es la primera señal de la crisis alimentaria internacional, que ya afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo, principalmente a la población pobre.

El G-DRU es una alianza interinstitucional que, en la actualidad, aglutina a más de 30 organizaciones civiles nacionales y organismos de cooperación internacional. Trabaja hace 18 años en Bolivia y tiene el objetivo de contribuir a la formación de políticas agropecuarias y de desarrollo rural en el marco de la estrategia existente.

Según los resultados de un estudio del G-DRU, la crisis alimentaria está afectando a una parte cada vez mayor de la población mundial y puede alcanzar en corto tiempo a Bolivia, si no se toman medidas urgentes. De hecho, los primeros efectos de esa crisis ya se perciben con el alza generalizada de precios y en especial de los alimentos. Cien mil hogares bolivianos (3,2 millones de personas) ya han perdido la capacidad de comprar una canasta básica de alimentos.

Efectos de la crisis

El nivel de inflación general en América Latina y el Caribe, de julio de 2007 a julio de 2008 alcanzó al 8,7 por ciento y la inflación en el precio de los alimentos llegó al 15,1 por ciento. Los expertos señalan que la inflación de alimentos es responsable principal de la inflación general. En el caso de Colombia, Perú, Brasil y Venezuela, la inflación es importada, pero también por demanda interna. Los más sensibles son los países centroamericanos con economías referenciadas al dólar, monedas depreciadas, dependientes de importaciones de alimentos (especialmente del maíz).

La inflación en el precio de los alimentos tiene varios efectos como la anulación del crecimiento económico, el empeoramiento de la distribución desigual del ingreso, el deterioro nutricional, el crecimiento de grupos subnutridos, el surgimiento de más pobres. Un 15 por ciento de incremento en los precios puede llevar la indigencia a muchas familias, debido a que los pobres enfrentan una tasa de inflación mayor en un 4% que los demás, pues el gasto de alimentos en hogares pobres es muy alto.

La inflación en Bolivia

La inflación general acumulada (datos oficiales) desde agosto del 2007, alcanzó al 10,06 por ciento y la inflación en los precios de los alimentos en agosto de 2008 llegó al 0.84 por ciento.

La inflación general acumulada según otras fuentes, es del 16,8 por ciento y la inflación de alimentos acumulada es del 32 por ciento, porque está submedida y subponderada.

Para el Grupo Interinstitucional de Desarrollo Rural (G-DRU) la situación alimentaria del país, es en este momento muy vulnerable y precisa de medidas urgentes y coordinadas entre el Gobierno central, los gobiernos locales, los organismos de cooperación, instituciones, empresas y familias, para los efectos de la crisis alimentaria mundial no golpeen duramente a los más pobres, convirtiéndolos en indigentes.

Plan de seguridad

El G-DRU plantea un Plan de Seguridad Alimentaria que contiene siete medidas económicas, administrativas y sociales para disminuir el impacto de la crisis. Esas medidas van desde la elevación, desde la producción, acceso y disponibilidad de alimentos particularmente a los más pobres, el incentivo del consumo de productos de alto valor nutritivo de comunidades rurales y pequeños productores, la estimulación de la inversión privada en la producción de alimentos, la liberalización de impuestos para la importación de semillas y fertilizantes, el subsidio de la producción de alimentos esenciales.

Otras acciones planteadas se refieren a la mejora de la infraestructura y los servicios de producción, la corrección de las deficiencias en la gestión de las instituciones públicas relacionadas con la seguridad alimentaria, la superación del rezago tecnológico existente para la producción de alimentos, el fortalecimiento de los sistemas de gestión de riesgos, la garantía del desayuno escolar en todos los municipios del país a través de procesos de compra creciente de productos alimenticios locales y asegurar el funcionamiento eficiente del programa “Desnutrición Cero” que lleva adelante el Gobierno nacional.

La recomendación de G-DRU es que el Gobierno central debe dirigir, coordinar, controlar y financiar algunos componentes de este plan, pero debe delegar a las prefecturas, alcaldías y organismos especializados, las funciones operacionales otorgándoles los recursos necesarios, pues la seguridad alimentaria depende principalmente de un ambiente económico favorable a la inversión, que garantice la libertad para producir y para vender.

“Habrá cada vez más gente con incapacidad de comprar alimentos”

El presidente de la República, Evo Morales Ayma, este domingo visitó las obras que se realizan en la población de Cantumarca. (Foto ABI).

El coordinador General del G-DRU, Gonzalo Flores, en entrevista con este diario, aseguró que Bolivia atraviesa una situación alimentaria muy vulnerable que tiende a agravarse y por ello, propone que el país genere un conjunto de medidas para frenar el alza de precios y ponga en marcha un plan de seguridad alimentaria.

El plan de seguridad alimentaria debe ser compartido por el Gobierno central, las prefecturas, los gobiernos municipales y los órganos especializados, y debe ser apoyado también por ONGs, instituciones, empresas y familias. El objetivo de este plan debe ser elevar la seguridad alimentaria del país a gran escala.

OPINIÓN (O): ¿Qué pasará si el Gobierno no toma los recaudos necesarios para trabajar de manera conjunta en la prevención de la crisis alimentaria?

Gonzalo Flores (G.

F.): Sin duda, la crisis se agravaría. Equivale a tener un enfermo con tuberculosis y preguntar qué pasaría si no va al médico. El alza de precios continuará, habrá cada vez más gente con incapacidad de comprar alimentos, la desnutrición crecerá, la subnutrición igual, escasez de alimentos.

O.: ¿Ya hay efectos de la crisis alimentaria mundial en Bolivia?

G.F.: Sí. El alza de los precios de los alimentos, aunque también inciden otros factores como la inflación interna. En este momento se están gestando entre 182.000 y 392.000 nuevos pobres alimentarios en el país, al margen de los 3,2 millones de personas que ya han dejado de comprar una canasta básica. Los precios de las semillas certificadas son otro ejemplo. Los precios se han duplicado este año, en menos de tres meses. En mayo de 2008, la tonelada de semillas de papa estaba en 450 dólares, en agosto subió a 947 dólares. La tonelada de semillas de maíz estaba en 500 dólares en mayo, en agosto se incrementó a 859 dólares, la tonelada de semillas de haba estaba en 900 dólares en mayo, pero en agosto se disparó a 1.353 dólares. Los mismo ocurre con los fertilizantes, en mayo la bolsa de fosfato diamónico estaba en 26 dólares, en agosto subió a 61,33 dólares, la bolsa de Urea estaba en 24,50 dólares, en agosto se elevó a 36,80 dólares. Por eso necesitamos liberar de impuestos el ingreso de semillas y fertilizantes.

O.: ¿Qué ha motivado la inflación boliviana en el precio de los alimentos?

G.F.: Son muchos factores. Ahora importamos alimentos más caros como la harina de trigo y el trigo, hemos tenido unas inyecciones grandes de dinero en la economía interna y la demanda agregada ha hecho subir los precios de los alimentos. También influye el dinero entrante de las remesas, del contrabando, del narcotráfico y tienen su grado de influencia los desastres naturales que arruinan la oferta interna y originan escasez. Por ejemplo, el fenómeno de El Niño nos arruinó la cosecha del arroz y tuvo su impacto sobre los precios.

O.: El G-DRU recomienda al Gobierno generar un ambiente económico predecible, favorable a la inversión y los negocios. ¿Cómo lograrlo?

G.F.: Asegurando la vigencia de una tasa de cambio competitiva; manteniendo la libre convertibilidad de monedas, asegurando la libertad para producir y para vender, evitando la aparición y desarrollo de fallas de mercado, evitando la actuación de fuerzas que pueden paralizar la producción y comercialización de productos agropecuarios o entorpecerlas mediante procedimientos como el bloqueo de caminos, haciendo que los títulos de propiedad de la tierra actuales permitan ejercer pleno derecho propietario, especialmente donde se produce alimentos de consumo masivo, promulgando las leyes de garantía prendaria, de seguridad alimentaria y de alimentación complementaria a la brevedad posible, vigilando el desempeño de las empresas y programas estatales recién creados, con el fin de asegurar que no deformen el funcionamiento de los mercados ni obstruyan la aparición de nuevas empresas privadas.

O.: ¿Cuáles son las deficiencias que detectaron en la gestión de las instituciones públicas relacionadas con la seguridad alimentaria?

G.F.: Tienen objetivos cambiantes y no coordinados, demasiada permeabilidad a la política, inestabilidad, ausencia de ciclos continuos que permitan evaluar lo realizado y aprender; cambios de personal, escasez de recursos.

O.: Superar el rezago tecnológico para la producción de alimentos, ¿demandará una inversión grande que el Gobierno está en condiciones de enfrentar?

G.F.: Cambiar de tecnología cuesta dinero, pero cuesta más no cambiar, porque se pierde ingresos, empleo y bienestar en forma de elementos nunca conseguidos. Muchos cambios tecnológicos tienen costos alcanzables, como mejores semillas, sistemas de riego, fertilización o mejores prácticas agropecuarias.

O.: Otra de las recomendaciones del G-DRU es elevar el consumo general de productos de alto valor nutritivo y producidos en comunidades rurales. ¿Cuáles deberíamos consumir para paliar esta crisis?

G.F.: Cada zona posee alimentos muy nutritivos. Aquí es difícil hacer una lista, pero doy algunos ejemplos en el altiplano: quinua, cebada; en los valles hay mayor variedad el tarwi, amaranto, maíz, maní; en las zonas bajas los frijoles, arroz. En todas las zonas hay buenas fuentes proteína animal, pero en general se debe consumir mucho más pescado.

 

El PNUD alerta que la pobreza crece en Bolivia

INFORME • El PNUD muestra que el crecimiento económico es poco.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) realizó en los últimos tres años, una investigación que revela que Bolivia registra nuevamente un “crecimiento empobrecedor”, que se traduce en un bajo crecimiento económico del país, frente a un incremento significativo de la pobreza.

El documento señala que este dato se presenta una vez más en el año 2007, cuando la economía nacional creció en un 5%, en tanto que el número de personas que viven bajo la línea de la pobreza aumentó en 166.869.

Frente a esto, el informe temático sobre Desarrollo Humano elaborado por el PNUD se llama “La otra frontera: Usos alternativos de recursos naturales en Bolivia”, muestra una manera de hacer que autoridades y pobladores dirijan su mirada hacia una economía alternativa con el fin de mejorar las condiciones de vida de los bolivianos.

Este trabajo sugiere mirar a la economía alternativa. ANF

* Foto El Diario