Duro de matar

La pésima gestión, la corrupción y el narcotráfico, son los proyectiles que finalmente acabarán con el presidente y su proyecto político.

imageEl presidente Evo Morales ha hecho infinidad de denuncias sobre las intenciones de la CIA, la DEA, la oligarquía, los neoliberales, los croatas, etc,  para mandarlo al otro mundo y si estas denuncias son ciertas, es evidente que sus presuntos victimadores, o son una manga de inútiles o Evo tiene realmente una suerte endiablada que le permite eludir con facilidad las oscuras conspiraciones en su contra.

Sería demasiado largo enumerar las ocasiones en las que Morales denunció la existencia de malvados planes para suprimirlo, basta recordar que empezó con esta obsesión desde que era dirigente cocalero en el Chapare, hace 20 años. 



Estas denuncias surgieron en cada ocasión que buscaba salir de un problema. Y no es que para creerle al gobierno se quiera ver el cadáver de Morales como señalaron los ministros Rada y San Miguel, sino que «en la boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso».

Como el propio gobierno hace circo de un tema tan grave como el terrorismo, es oportuno sumarle un enfoque «light» al asunto y es que los “terroristas” y “mercenarios” de los últimos tiempos, al parecer no están mostrando eficiencia y no pegan una, por lo que sería aconsejable que se dediquen a regentar un hogar de niños, un asilo de ancianos o se conviertan en monjes cartujos.

“Los gansos salvajes” o los “perros de la guerra” evidentemente no se hubieran sentido muy orgullosos de las aptitudes de su émulos en Bolivia. Cómo se puede concebir que un terrorista o mercenario que se respete tenga a la mano una computadora portátil y no una ametralladora punto 50 para dejar como coladera al primer intruso que asome la nariz.

«Terroristas» eran los de antes. Los de ahora, o al menos los que vienen a Bolivia, tienen veleidades de poetas y rockeros, les gusta demasiado las chicas, la vida nocturna y «chatear» en internet, revelan con anticipación sus planes y dejan «testamentos» en televisión, manejan tarjetas y cuentas bancarias para dejar registro y finalmente se echan a dormir plácidamente sin vigilancia alguna para hacerse cazar como palomas.

Dejando lo anecdótico, lo cierto es que ante tantos intentos frustrados por eliminar al «pobre indio discriminado» (como le gusta autodefinirse a Evo especialmente cuando está en el exterior) habrá que concluir que la pésima gestión, la corrupción y el narcotráfico, son los proyectiles que acabarán con la vida (política) del presidente y el proyecto masista.