Los gordos…

cayetano-5 Entre paréntesis….Cayetano Llobet T.

El presidente Evo Morales  -revolucionario al fin-  ha decidido innovar los niveles de definición de nuestras relaciones internacionales y ha incorporado la categoría de “gordo”. No es nada reprochable que un dignatario tan importante manifieste tal preocupación por las referencias estéticas. Desde luego, permitiendo suponer que él mismo se considera una referencia de belleza  -si no, ¿cómo criticar a otros?-, lo que tampoco está mal y le otorga un uso inesperado al Salón de los Espejos del Palacio presidencial.

¿Y quién podría reclamarle al Presidente, en nombre de los valores estéticos, su reproche de exceso de peso al Presidente del Perú?  En nombre de la belleza, también se puede hacer política: ¿No cayó Marco Antonio, emisario de la mayor potencia de su tiempo, rendido en los abismos de la belleza de Cleopatra?  Claro que también que habrá que admitir que si de reclamo de kilos se trata, tampoco nuestra relación con Chile podría ser tan cómoda y tan amable, salvo que Evo Morales esté viendo a la señora Bachelet con figura de sílfide. Y, que no quepa duda, habrá que asumir que la visión que Evo  tiene de  Hugo Chávez, es la de un Alain Delon del Caribe.



Pero aún suponiendo que la gente no es como es, sino como se la mira, y creyendo que Fidel es descendiente directo de Apolo y sus atributos, que Lula es la belleza morena y barbada  -feroz acusador de los “blancos de ojos azules”-, bocado de las playas de Copacabana, su asesor, Marco Aurelio, émulo de Felipe el Hermoso y de sus desbocadas pasiones; Cristina, una contoneante Venus desfilando y clavando sus tacos en los cuerpos de sus colegas extranjeros postrados a sus pies, nadie, simplemente nadie, podrá otorgarle a la política exterior boliviana, otra descripción que no sea la del más gordo de los errores y el más pesado tomo de inconsistencias y desastres.

Que los chilenos le tomaron la medida a Evo y lo convencieron de cambiar una reivindicación internacional y permanente, por una alianza política  -la flaquita Bachelet es firme compañera-, no cabe la menor de las dudas. ¡Si Choquehuanca tuvo que callar a Fidel para que no se meta en el asunto del mar!  Asunto que, por lo demás, se ha convertido en una suerte de romance íntimo que no puede salir de los aposentos reservados de las respectivas cancillerías.  Que nadie alborote el amoroso jugueteo en ese tálamo… ¡con vista al mar!

Porque nuestra Cancillería siempre ha sido juguete. Ahora de Chile, otras veces del Perú. ¿Se acuerdan de la maniobra peruana para evitar la salida del gas por Chile?  Con grandes apoyos bolivianos, Perú defendió sus intereses y Bolivia perdió conexión al Pacífico, integración con Chile y mercados de México y California. Y no era cuestión de kilos, porque aquí estaba el apolíneo Tuto, apostando a sus futuras posibilidades políticas, apoyado en su gran negociador y canciller, el Metternich de Tarata. Ahora, por el momento y en espera de nuevas coyunturas, Alan es el gordo y Michelle la bella.

Eso sí, habrá que pedir perdón a algunos artistas que encontraron su inspiración en  rubicundas y bien alimentadas matronas. Evo y sus colaboradores responden a una noción estética de elegante delicadeza, delgadez y finura. Los gordos no son parte de la corte. A Rubens no le sirven de  modelo. Y, desde luego, Botero y sus gordas esculturas, no caben en Palacio. Perdón, queridos maestros exaltadores de grasa y celulitis… ¡son razones de Estado!