¿Qué está pasando?

Es la pregunta que en medio de sus penurias y angustias, viviendo ya con el Jesús en la boca porque, entre otras cosas, se ha estropeado completamente su elemental derecho a vivir en paz, aguijonea, perturba y le quita el sueño al ciudadano de a pie en Santa Cruz de la Sierra. Entre la incertidumbre y el temor generalizados, casi se transformó en grito la interrogante surgida después del atentado urdido desde las más tenebrosas sombras contra la vivienda del cardenal Julio Terrazas, en las primeras horas del pasado miércoles.

eldeberEditorial El Deber.

Pero apenas se habían apagado los ecos del violento estallido que hizo astillas la tranquilidad del vecindario y parte del portón del domicilio del máximo prelado de la Iglesia católica en el país, otro luctuoso y conmocionante suceso se produjo la madrugada de ayer, a raíz de un enfrentamiento a tiros entre policías de élite y un grupo de supuestos terroristas foráneos que días antes se habían registrado como huéspedes en un céntrico hotel de la ciudad. A una fuerte explosión siguió un intercambio de disparos que acabó con la vida de tres integrantes de la banda, mientras que dos fueron capturados por los uniformados y trasladados a la sede de Gobierno, con fines investigativos. Casi a continuación se informó del hallazgo de un ‘arsenal’ de todo calibre en uno de los ambientes del campo ferial, que es utilizada por la cooperativa local de teléfonos, Cotas.



¿Qué está pasando? nos preguntamos también a comienzos de la semana después de que en las afueras de la ciudad encontraran los cuerpos sin vida de tres personas con señales de haber sido previamente torturadas. Y los mismos signos de interrogación acompañan el hallazgo reciente y espeluznante de siete cadáveres enterrados en una fosa común en San Matías, capital de la provincia Ángel Sandóval, donde hace tiempo parece tener sentados sus dominios una organización mafiosa que, de uno y otro lado de la extensa línea fronteriza entre Bolivia y Brasil, opera impunemente.

Queda por determinar de modo fehaciente si existe relación entre algunos de los hechos antes descritos, como el atentado contra el cardenal Terrazas, el enfrentamiento armado en el céntrico hotel y el hallazgo del armamento en la Feria Exposición, según lo han hecho notar prontamente funcionarios del Gobierno, anticipándose incluso a los resultados de las investigaciones en marcha y que es de esperar que se realicen de manera profunda, responsable y con apego a las normas para que no aparezcan los pescadores en río revuelto y se desate una cacería de brujas, como sucedió anteriormente en otras circunstancias.

Entre tanto, y como lo ha hecho en otras oportunidades para captar la atención de la comunidad internacional, es posible intuir las formas de reflejar estos deplorables acontecimientos que el Presidente de la República utilizará en las sendas reuniones ‘cumbres’, a las que ya asiste, después de haberse colocado en la mirilla del mundo -que nos observa cada vez más azorado- con su inusitada huelga de hambre de los días precedentes por la Ley Electoral, que garantiza los próximos comicios generales en este país de desventuras.

Mientras, golpea y resuena fuerte la pregunta que flota en el tenso ambiente y que todavía no tiene respuesta: ¿qué está pasando?