La Coronilla

Hoy se conmemora el Día de la Madre en homenaje a la mujer cochabambina que en un día como éste, el 27 de mayo de 1812, defendió la patria y su hogar ante el ejército realista comandado por el brigadier Manuel Goyeneche, quien había determinado dar un duro escarmiento a Cochabamba por ser una ciudad extremadamente rebelde y levantisca.

image Ramiro Prudencio Lizón* – La Razón

Todo comenzó con la batalla de Amiraya, llevada a cabo cerca del pueblo de Sipe Sipe, el 13 de agosto de 1811, en la cual las fuerzas realistas habían derrotado a los patriotas vallunos dando fin a la primera revolución cochabambina, la misma que surgió el glorioso 14 de septiembre de 1810.

Pero apenas retiradas las huestes realistas, el guerrillero Esteban Arce provocó un nuevo levantamiento, el 29 de octubre del mismo año, y se apoderó del valle. Mientras tanto, el comandante realista Goyeneche había planeado invadir Salta y continuar hacia el sur para amenazar Buenos Aires. Pero la nueva rebelión cochabambina le obligó a dividir sus tropas en dos cuerpos: uno de ellos continuaría rumbo a Salta, y el otro, comandado por él mismo, se dirigió a Cochabamba.

El encuentro entre las fuerzas de Arce y Goyeneche tuvo lugar el 24 de mayo de 1812 en el Quehuiñal, donde las tropas patriotas fueron aniquiladas. Luego de ese enfrentamiento, el brigadier realista avanzó hacia la ciudad del valle. Los pocos patriotas que quedaban se reunieron en un cabildo abierto donde se decidió pedir la paz. Goyeneche la aceptó poniendo como condición que le fuesen entregados los jefes de la insurrección, principalmente al gobernador, Mariano Antezana.

El pueblo citadino no aceptó estos denigrantes términos y prefirió aprestarse a la defensa. En esta actitud primó la posición de las mujeres, más vehementes y más sentimentales, las cuales además constituían la gran mayoría de la población. Ellas resolvieron reunirse en la loma de San Sebastián o la “Coronilla”, para demostrar al enemigo que su ciudad estaba dispuesta a luchar heroicamente en defensa de sus libertades.

Como habían pocos hombres, y eran además ancianos o heridos, las mujeres más enérgicas se fueron constituyendo en capitanas. Una de ellas, doña Manuela Gandarillas, demostró un coraje sin igual y llegó a ser el verdadero caudillo de los patriotas. Se dice que ella habría proferido esta célebre frase: “Si ya no hay hombres, aquí estamos nosotras, para enfrentarnos al enemigo y morir por la patria”.

Como era de esperar, el combate duró poco, porque muy pronto fueron casi exterminadas esas valientes defensoras. No contento con ello, Goyeneche permitió, además, un horroroso saqueo de la ciudad por su feroz soldadesca. El gobernador Antezana, junto a muchos de sus valerosos acompañantes, fue vilmente ajusticiado.

Lo importante es que este sacrificio cochabambino no fue en vano. Como el ejército realista se dividió y debilitó, el cuerpo que partió a Salta pudo ser batido por el general Belgrano y, de este modo, el gobierno de la Junta de Buenos Aires se mantuvo independiente. Por este motivo, la prensa porteña difundió esta verdad: “El Alto Perú será libre porque Cochabamba lo quiere”.

En cuanto a las heroínas cochabambinas, para honrarlas permanentemente, el general Belgrano ordenó que se pronunciase en la hora de la lista de los cuarteles, el siguiente lema: “¿Están presentes las mujeres de Cochabamba? Gloria a Dios, han muerto todas por la patria en el campo del honor”.

Nuestro país también ha reconocido el extraordinario sacrificio de esas mujeres y determinó, asimismo, que en el día 27 de mayo se conmemorase el Día de la Madre como una prueba de que cada una de ellas lleva en el alma las virtudes de las Heroínas de la Coronilla: el amor a la patria, la abnegación y el espíritu de sacrificio.

Actualmente, cuando estamos conmemorando el bicentenario del inicio de la Guerra de la Independencia americana, sería muy conveniente tener presente la extraordinaria gesta de la “Coronilla”, la cual, junto a las hazañas de doña Juana Azurduy de Padilla, ha demostrado el gran papel jugado por la mujer boliviana en ese gigantesco conflicto, el que dio lugar a la libertad y soberanía del Alto Perú y de todo el continente hispanoamericano.

*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.