Bolivia incoherente

Seguiremos siendo uno de los países más pobres del mundo, con altísimos índices de mortalidad materno infantil y pobreza, mientras continúe la ineficacia de nuestros gobernantes.

laPrensa Editorial La Prensa

Pocos son los países en el continente americano con el privilegio de Bolivia de tener tantas riquezas naturales que pertenecen, además, a una escasa población de menos de diez millones de habitantes, lo que representaría un alto ingreso para cada uno de nosotros.

Tenemos más de 47.000 trillones de pies cúbicos de gas, que nos convierten en el segundo país poseedor de esta riqueza en América del Sur, después de Venezuela. Poseemos estaño en cantidades oficialmente no estimadas, cuyo precio, fluctuaciones mediante, continúa en los mercados internacionales por encima de 6,60 dólares la libra fina, y casi 47 millones de toneladas de litio en el Salar de Uyuni, únicamente, sin contar el de Coipasa, con un valor de 4.000 dólares por tonelada.

Esto para citar sólo tres de los muchas riquezas naturales que tiene nuestro país y que, bien explotadas y aprovechadas, deberían llevar a convertirnos en un emporio económico.

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Pero lamentablemente no es así. Seguimos y seguiremos siendo uno de los países más pobres del mundo, con altísimos índices de mortalidad materno infantil, de desnutrición y de pobreza, mientras continúe la ancestral ineficacia de nuestros gobernantes.

Ocupamos uno de los primeros lugares en iniciativa, debido a la miseria que azota a millones de personas y que les obliga a recurrir a toda su imaginación para inventar las más diversas formas de ganarse la vida. Abundan los limosneros y las limosneras, personas generalmente ancianas por las que las autoridades poco o nada hacen para que accedan a la Renta Dignidad. Estos ancianos que están en las calles de la ciudad, extendiendo las manos para recibir una moneda de gente caritativa, probablemente ni saben de la existencia de esa renta derivada de aquella otra inventada con fines electorales hace casi 12 años o, si sabe o ha escuchado hablar de ese beneficio, carece de los documentos para cobrarlo.

Otro tanto sucede con campesinas potosinas que invaden las ciudades del eje del país, en busca de personas caritativas que les lancen una moneda para mitigar su hambre y el de sus niños agarrados a sus polleras y bebés lactantes.

Esta miseria destroza el corazón, mientras autoridades, elegidas con la esperanza de que cambiarían el país y mejorar las condiciones de vida de los más pobres, se dedican a elaborar estrategias políticas para perennizarse en el poder a cualquier costo, o se pelean con países vecinos, desacreditan a sus adversarios y reducen las posibilidades de exportación de manufacturas y de productos naturales.

Se esfuerzan por favorecer sólo a sus aliados permitiendo que se extiendan los cultivos de hoja de coca que deriva en el aumento de la producción de cocaína, destituyen de sus cargos a los que denuncian actos de corrupción y se olvidan de las promesas de combatir la miseria, la exclusión social y de mejorar la calidad de vida de las mayorías nacionales que les dieron su respaldo.