De indígenas, «libertadores» y ONGs

Cual Quijote originario, ahora cabalga por los Andes para cumplir su agobiante tarea como  “libertador” de los pueblos indígenas. Es que el pasado 24 de mayo, fue arbitrariamente nombrado por sus seguidores con este pomposo titulo y parece que ha asumido muy en serio su nuevo papel.

El papel de “libertador” va muy a tono con su personalidad mesiánica pero, a diferencia del manchego “caballero de la triste figura” sus actitudes tienen muy poco de románticas y no busca “desfacer entuertos” sino más bien crearlos para complicar la vida de alguno de sus colegas en países vecinos que no se avienen a formar parte de lo que él y su protector venezolano llaman “el proceso revolucionario de cambio”.

En su tarea el “Quijote aimara” cuenta con un séquito de “sancho panzas” que si bien tienen el pragmatismo del personaje cervantino están lejos de tener sus elevados ideales. Son estos los que se encargan de difundir una visión distorsionada y utilitaria de la redención indígena.

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Los indígenas de la Amazonía peruana, liderizaron una violenta protesta en Bagua que dejó decenas de muertos entre policías y originarios.

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La “liberación indígena” rinde muy buenos réditos y es visible la diferencia que existe entre el desahogado y turístico estilo de vida de los “libertadores” y la pobreza de los supuestos “liberados”.

Buen negocio este de dedicarse a luchar por los derechos de los oprimidos indígenas; siempre se tiene a la mano una ONG dispuesta a dar recursos para aplicar un experimento social que como esta visto tiene que estar muy bien sazonado con la sangre de quienes, supuestamente, se quiere “liberar” aunque también con la de sus eventuales «represores», los policías o militares, finalmente todos son parte del mismo experimento. 

Que los indígenas deben ser incorporados a plenitud a la vida de las naciones con el ejercicio pleno de sus derechos y también de sus obligaciones, es indiscutible. Lo que se cuestiona es el uso que se hace de esta reivindicación histórica, justa e ineludible.

Los supuestos “redentores” de los indígenas, en su mayoría, jamás compartieron la pobreza que afecta a este sector de la población del cual se dicen representantes. Es más, no son indígenas y sus prácticas culturales, como sus orígenes, son híbridos.

Recogieron lo peor de los conquistadores: su ansia desmedida por el poder y ninguna de sus virtudes que, alguna debían de tener. En los hechos son el paradigma de lo que dicen combatir.

De los originarios dicen recoger la ancestral vida comunitaria y el respeto por la naturaleza, pero lo hacen solo de palabra. En la práctica hacen todo lo contrario. No provienen del ayllu o la comunidad indígena sino que se trata de desarraigados que se asentaron en los barrios marginales de las ciudades donde acumularon resentimiento hasta que, por ejemplo, un proyecto político como el MAS les dio la oportunidad de canalizarlo.

Sus “hermanos indígenas” les interesan en la medida que son el pretexto para acumular recursos y poder político.

Estos pretendidos líderes de los originarios se encontraron en su ruta con «izquierdistas» blancoides que les han dado una cierta cobertura teórica a sus actividades y que, al igual que ellos, están muy bien subvencionados y ahora disfrutan de las ventajas que da el poder. Solo los une la certeza y la convicción de que se puede vivir muy bien a costa de los indígenas de cualquier país, empujándolos de forma cada vez más frecuente a la violencia y la muerte.