«Culto, bonito y blanquito»

No es conocido precisamente por su modestia a la hora de evaluar sus propias aptitudes. Gusta mucho de ensalzar sus inclinaciones intelectuales sin darse cuenta que en muchas ocasiones cae en evidentes exageraciones.

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Profesor universitario, analista de televisión y fanático defensor de los indígenas, aunque en su gusto personal se inclina por las esbeltas y rubias damiselas sean bolivianas o extranjeras; es nuestro inefable «vice».

Dijo que a los 15 años ya se había leído “El Capital” de Marx y ello provoca dudas más que razonables una vez que se trata de una proeza intelectual de la pueden jactarse no todos los economistas. Más aún cuando si damos crédito a quienes fueron sus compañeros de curso en el colegio San Agustín de Cochabamba, no se trató de un alumno muy aventajado y se mantuvo siempre en los límites de la mediocridad en todo aspecto, claro que esto es común en muchísimas personas que descollaron luego en la madurez.

Alvarito, «culto, bonito y blanquito» según comentan las simpatizantes masistas cuando lo ven, no da brazo a torcer e insiste en que durante toda su vida solo acumuló miles de libros ¿leídos?

De sus dos primeras obras “Crítica de la Nación y la Nación Crítica ” y “De Demonios escondidos y momentos de revolución”, se puede decir que probablemente de una ellas se pueda extraer algunas premisas que hoy en día han sido incorporadas a la acción política del MAS pero no que se trata, ni de lejos, de obras capitales que entrarán a formar parte de la historia del pensamiento político.

«Autogobiernos indígenas. Estado Multinacional y Multicivilizatorio: Una propuesta democrática y pluralista para la extinción de la exclusión de las naciones indias”, probablemente sea una obra, a pesar de lo ininteligible del título, que merezca ser leída porque en ella se trasunta la visión de lo que hoy defiende el MAS, sobre la construcción de la  llamada “hegemonía indígena”.

Sin embargo todo este preámbulo es para aterrizar en la más reciente declaración de García Linera al comentar una reunión que se realizó en Venezuela y a la que asistió, entre otras personalidades, el escritor peruano, Mario Vargas Llosa. En este caso Alvarito incurrió en el pecado capital de soberbia.

Para él todos los asistentes, incluido Vargas Llosa, no fueron más que “intelectuales fracasados y anacrónicos” y naturalmente se reserva para si mismo el papel de “intelectual triunfador”.

Se puede coincidir o disentir con algunas posiciones políticas que asuma el autor de “Conversaciones en la catedral”, por citar alguna entre las decenas de obras del peruano, pero es una torpeza negar su indudable aporte a la literatura mundial por lo que será recordado y reconocido siempre, mas allá de sus eventuales  detractores. 

En cambio de Alvaro García se puede decir que si es recordado, lo será por su intolerancia y sus exabruptos y esto, ciertamente, no es motivo de orgullo. Hay formas y formas de pasar a la historia.