Jailón, el santo chapareño y de los «narcos»

Héctor Monzón era en vida un curandero, de los que trabajan en el trópico y que los vecinos, así como la gente vinculada con el narcotráfico, consulta. A su muerte, se le alzó una capilla que se llena los lunes.

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La tumba de un curandero es hoy como un santuario al que acuden incluso, se dice, narcotraficantes.

La Razón

El “Jailón” ocupa un lugar entre los santos. La gente le compra flores, enciende velas y le da de beber. Alguna vez, se paseó por la tierra en cuerpo y alma: era un curandero al que la gente del Chapare acudía en busca de salud. Cuando murió en Chimoré, al borde de la carretera, se enterró su cuerpo, pero su espíritu hace milagros. Al menos así lo creen sus seguidores que, según dicen algunos, incluye a personas ligadas al narcotráfico.

El 15 de mayo del 2008, Héctor Monzón, conocido como “el Jailón”, chocó su vehículo contra un tráiler y falleció en el kilómetro 190 de la carretera Cochabamba-Santa Cruz, un kilómetro y medio antes de llegar a la población urbana de Chimoré. Sus familiares y clientes construyeron allí una capilla ardiente, donde se reúnen cada lunes.

Juan Fuentes, conductor de mototaxi, comenta que “el Jailoncito es milagroso, dicen que si se cree, da lo que le piden: si es un auto, les da auto”.

Por eso, los lunes la reunión es concurrida. Ante la foto del curandero hay ofrendas, la gente pijcha coca y bebe “como si velaran”, explicó otro mototaxista que prefirió guardar su nombre en reserva, pero que abundó en detalles. Según él, Héctor “era lo que se dice un brujo; cuando chocó, encontraron en el auto tojlitos. Dicen que estaba borracho cuando murió y al poco tiempo sus clientes pusieron una tumbita en el lugar del accidente; la mayoría son narcos”.

El hombre contó que la gente ligada al narcotráfico “trabaja con curanderos, ellos evitan que la Policía los agarre” y “el Jailón es muy milagroso para ello”. Como transportistas que son, los consultados llevan a los creyentes y ven cómo otros llegan en vehículos propios, incluidos los camioneros que piden protección para el camino. La capilla tiene bancos y un techo, además de la escultura de Cristo y ángeles.

Los conductores tienen trabajo en esta ruta, pero también temen por accidentes, pues la capilla está muy cerca de la carretera y los creyentes suelen beber bastante. Redacción Cochabamba