Los pollos de la democracia

El Presidente se burla de los periodistas y los llama pollos. Su problema es que desconoce y no comprende a cabalidad la democracia.

ElNuevoDia Editorial El Nuevo Día

El presidente Evo Morales insiste en burlarse y comparar a los periodistas con pollos de granja. Dice que le molesta cuando hablan todos al mismo tiempo y lo aturden con la bulla que hacen cada vez que pretenden entrevistarlo.       

Eso no es verdad y la prueba es que a muy poco de haber ganado las elecciones, el Presidente detuvo de forma súbita y con gestos torpes, una entrevista que le había concedido a un periodista de la cadena norteamericana Univisión. El conductor de televisión cometió el pecado de retrucar cuando Evo Morales dijo que en Cuba funciona la democracia. “¿Usted cree que en Cuba hay democracia?”, preguntó el reportero, cuestionamiento que desató la ira del Primer Mandatario, quien se quitó el micrófono y abandonó el lugar refunfuñando por el atrevimiento del periodista.

El problema no es la aglomeración o las preguntas “difíciles” que se le hacen al presidente, todo está en que Evo Morales no tiene ni idea de lo que es democracia y en eso radican los graves conflictos que tiene, no sólo con los medios de comunicación, sino con todo lo que sea expresión de pluralismo.

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En parte, los periodistas bolivianos tenemos la culpa de la falta de gimnasia democrática del Presidente. Los reporteros tienen la manía de ser excesivamente complacientes cuando habla un político opositor y a veces son inquisidores cuando ese mismo dirigente está en funciones de Gobierno. Durante los 20 años que estuvo sólo como dirigente sindical, nunca nadie le hizo a Evo Morales una pregunta difícil. Ningún reportero osó cuestionarlo sobre la delgada y a veces invisible línea que divide su trabajo de cocalero y la producción de cocaína, actividades que gozan de muy buena vecindad en el Chapare. Otro problema de los hombres y mujeres de prensa bolivianos es que no sabemos muchas veces llamar a las cosas por su nombre. Llamamos “problema social”, por ejemplo, a un fructífero negocio de provisión de materia prima para la fabricación de droga o les decimos “movimientos sociales” a grupos de vividores que han mamado por igual de todos los gobiernos de turno y que ahora se disfrazan de revolucionarios.

El Presidente aún no sabe diferenciar entre el ejercicio de la democracia en el marco de una República y la forma cómo se la practica en la esfera sindical, donde el disenso se paga con chicote y otros castigos mucho peores todavía. A  todo esto hay que sumarle el seguimiento que el régimen del MAS hace del libreto de Venezuela, país donde están aplicando la estrategia de criminalizar a los medios de comunicación luego de haber cumplido las primeras dos etapas, es decir, apalear periodistas en las calles y segundo, buscar alguna forma de clausurar órganos de prensa.

El Presidente tal vez se siente satisfecho de haber usado a los miembros de la Sociedad Interamericana de la Prensa como tribunal de quejas. A su vez, los ilustres visitantes seguramente se han ido contentos, no sólo porque fueron recibidos por un presidente que meses antes los comparó con los peores demonios, sino también por haber constatado desde la primera línea (lugar ansiado por cualquier buen periodista) algo de lo que tenían abundantes indicios.


Cuestión de piel

bajo el penoco

La Asociación de productores de soya, Anapo, tuvo un ilustre visitante ayer por la mañana. El presidente Evo Morales llegó hasta la sede de la institución y compartió un desayuno con los directivos de la institución, presidida por Demetrio Pérez, un productor de piel morena por cuyas venas corre sangre aymara. Los soyeros cruceños se cansaron de solicitar atención de las autoridades gubernamentales y sólo consiguieron respuesta cuando Pérez, un hombre que se expresó de forma contestataria al Gobierno, accedió a su cargo en Anapo. Los demás productores, entre los que hay cambas, brasileños, menonitas, collas y argentinos quieren creer que el Gobierno ha cambiado de actitud debido al terrible bajón de las exportaciones, situación que obliga a bajar la guardia y buscar cómo evitar una hecatombe. Nadie quiere pensar que detrás de la súbita amabilidad presidencial hay una cuestión de piel.