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Los partidos de ayer y el MAS

image Por Sergio P. Luís – Profesional independiente

Los partidos políticos en Bolivia se gestan, nacen y desaparecen prematuramente. Una de las causas de su ocaso es la división. Esto es válido para los grandes y chicos, de izquierda, de centro o de derecha.

El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), probablemente el partido más grande en la historia nacional, tuvo sectores opuestos: uno de izquierda sindical, otro de centro y el ala francamente de derecha. Luego soportó divisiones importantes: el Partido Revolucionario Auténtico de Walter Guevara y el Partido Revolucionario de la Izquierda Nacional (PRIN) del líder sindical Juan Lechín Oquendo, además de Vanguardia Revolucionaria 9 de Abril (VR-9). Finalmente, se produjo otra traumática división, la del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI) de Hernán Siles Zuazo, que logró derrotar al partido de Víctor Paz Estenssoro en las elecciones de1980.

Por supuesto que otra de las causas de la declinación del MNR fue su indefinición ideológica, unas veces fue influido por el trotskismo y otras se alió a partidos con notorias diferencias doctrinales (FSB y MBL). Finalmente, en 1993, contrariando su origen revolucionario y nacionalizador, adoptó militantemente un modelo de libre mercado.

La Falange Socialista Boliviana (FSB), cuya existencia fue puesta a dura prueba durante doce años de implacable persecución del MNR, también marchó al ocaso con disensos importantes, luego de la desaparición de su emblemático líder. Este partido, el más viejo de los tradicionales, se encuentra como una expresión obsoleta de la política boliviana.

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El Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), que llegó al gobierno en 1989 por una carambola política, se fue debilitando. Sus alianzas con partidos distantes de su esencia y objetivos, fueron causas de escisiones: el MIR Masas, el Movimiento Bolivia Libre y, al final, el Movimiento Sin Miedo (MSM) ahora aliado del MAS. El MIR, ya perdió el reconocimiento de su personería.

Acción Democrática Nacionalista, otro partido importante, fundado ya terminado el gobierno de facto (1971-1978) llegó al gobierno por las elecciones de 1997. Luego, desaparecido su jefe fundador, Hugo Banzer Suárez, fue extinguiéndose. A su ocaso contribuyó el subjefe del partido –sucesor de Hugo Banzer- Jorge Quiroga Ramírez que formó otra agrupación política: Poder Democrático y Social (PODEMOS), derrotada en las elecciones de diciembre de 2005, y seriamente cuestionada por su ineptitud opositora.

Hubo partidos fugaces, como Nueva Fuerza Republicana (NFR) del poco ilustrado Manfred Reyes Villa. Más que un partido político fue una asociación oportunista, integrada por rebalses de partidos en decadencia.

Con este cuadro de desintegración institucional de los partidos, no sorprendió que el Movimiento al Socialismo (MAS), gane el poder en las urnas y se convierta en el mayor partido de Bolivia. Este es un caso singular. Se formó como la expresión política, aunque desprovisto de base ideológica, de los sindicatos de cocaleros del Chapare, la región proveedora de coca para la elaboración de cocaína.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela, empeñado en influir en Latinoamérica y en formar un frente internacional que confronte a los Estados Unidos, encontró en Evo Morales un fácil seguidor. Morales, dirigente cocalero, abriga un torvo resentimiento hacia Washington, por la ayuda norteamericana para la reducción de las áreas de cultivo de la coca. Ya en el gobierno, el MAS se mostró dispuesto a alinearse con cualquier corriente antinorteamericana, como lo prueba el insólito acercamiento a los ayatolaes de Irán.

Esta aversión también fue percibida por los extremistas de la izquierda nostálgica que se apresuraron en capturar la dirigencia media del MAS. Y se reclutaron mercenarios, entre ellos el prófugo peruano Chávez, los extremistas españoles que redactaron –y mal– el texto constitucional del MAS y los pésimos asesores extranjeros de la Cancillería. Se unieron autores de acciones terroristas, como el vicepresidente. Cuenta, además, con el apoyo y la constante vigilancia de los embajadores de Cuba y Venezuela.

El MAS, que había adoptado el “socialismo del siglo XXI”, ya sufre una crisis existencial. Su empecinamiento en restaurar el anacrónico modelo precolombino, negando la necesaria modernidad, junto a los impulsos irracionales de su conductor, serán fuentes de disensos y de divisiones; inclusive de sus aliados internacionales.

La errática conducción gubernamental del MAS, la inconsecuente administración de la economía, el incentivo al odio, la segregación, el escandaloso fraude electoral, la extendida corrupción, la ilegalidad y el desmantelamiento de la justicia, la intolerancia y el despotismo, serán causas de su división y, finalmente, de su ruina. Pero antes habrá inferido a la Nación graves daños que trabajosamente se tendrán que superar.

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