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Michelle y Evo, un solo corazón

Evo Morales llegó al gobierno de la mano de un movimiento político que hacía gala de un profundo antichilenismo. No se debe olvidar que los sucesos de octubre de 2003 tuvieron como inmediato antecedente la quema por parte de los alteños de productos chilenos como expresión de su rechazo a la venta de gas a ese país.

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   La Presidenta chilena Michelle Bachelet (izq) y el presidente Evo Morales (der) en uno de sus varios encuentros oficiales

Ese sentimiento fue muy bien aprovechado para derrocar al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, a quien se lo acusó de tener reprochables contubernios con la oligarquía chilena.

Pero, mutatis mutandis, los antichilenos de hace unos cuantos años se han convertido súbitamente en chilenófilos y dentro de esta su nueva concepción no están dudando en entregar a Chile un preciado recurso como son las aguas del Silala. Esta es la dramática realidad por más que se pretenda disfrazarla.

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El pre acuerdo con Chile sobre las aguas del Silala en el departamento de Potosí significa reconocer, en primer término, que Bolivia es propietaria solo de la mitad de esas aguas y que el vecino país lo es de la mitad restante.

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   El manantial del Silala

Bolivia siempre sostuvo, hasta la llegada de Evo al gobierno, su derecho propietario sobre la totalidad de la aguas del Silala, argumentando que se trataba de manantiales que fueron desviados en forma artificial hacia Chile. Este país, por el contrario, sostenía que se trataba de un río de cauce internacional cuyas aguas debían ser compartidas.

El pre acuerdo acaba dando la razón a Chile para escarnio de quienes, de dientes para afuera, se proclaman “defensores de los recursos naturales”. Es además una muestra de la llamada “diplomacia de los pueblos” que, en los hechos, está reproduciendo las prácticas de esa vieja oligarquía que entregó vastas extensiones de nuestro territorio.

Pero eso no es todo. Para legitimar esta entrega el MAS está armando toda una tramoya para que este lunes 3 de agosto, en Quetena Chico, sus “organizaciones sociales” trasladadas junto a funcionarios públicos al lugar, aprueben este acto de entreguismo y el partido gobernante pueda decir que se trató de una decisión popular. Significa que 100 años de aprovechamiento gratuito de estas aguas por parte de transnacionales chilenas se perdonan y es mas Bolivia le regala al país trasandino la mitad del manantial Silala y todo por amarres políticos del presidente «indígena» con su par chilena.

Es indudable que Evo Morales debe muchos favores a Michelle Bachelet, quien acudió en su ayuda cuando más lo necesitaba principalmente en ocasión de los sucesos del 11 de septiembre del pasado año en la localidad pandina de Porvenir, cuando el fallido plan del ministro Quintana dejo 13 muertos. 

En esa oportunidad la presidenta chilena convocó prestamente al Unasur que no solo le dio a Evo el espaldarazo que necesitaba con urgencia, sino que propició la formación de una comisión que, informe Matarollo mediante, intentó, burdamente sacarlo limpio de polvo y paja del embrollo en que estaba y echar las culpas a las autoridades regionales pandinas y al prefecto Leopoldo Fernández que por efecto de esta jugada se constituyó en el primer preso político de este gobierno.

La gratitud es una virtud muy encomiable, pero de ahí a entregar graciosamente los recursos naturales bolivianos a un país extranjero, hay mucha distancia. Existe un artículo en la nueva Constitución Política del Estado aprobada por el MAS en la que se describe esta actitud como traición a la patria.

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