Polémica en México por la detención de un narco en una iglesia

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Miguel Ángel Beraza uno de los capos del cártel La Familia Michoacana fue arrestado durante la misa por el cumpleaños de su hija

Historias del mundo

MEXICO (JOAQUIM IBARZ, CORRESPONSAL DE LA VANGUARDIA)

Atónito, el sacerdote se quedó con las hostias en la mano. El susto no era para menos: 200 policías con armas automáticas listas para disparar irrumpieron en la iglesia del Perpetuo Socorro de Apatzingán (Michoacán). El cura, de 80 años, hipertenso, tuvo que ser evacuado a un hospital.

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La escena parecía de película de Buñuel. Miguel Ángel Beraza, alias La Troca, uno de los narcotraficantes más poderosos de Michoacán, había organizado una misa con muchos invitados para celebrar los 15 años (una fiesta muy importante para las chicas mexicanas) de su hija Liz Veras,  que tiene síndrome de down. La ceremonia terminó justo cuando el sacerdote se disponía a dar la comunión. Acababa de decirle a Liz que los niños como ella no tenían pecado e irían directo al cielo cuando  comenzó el infierno.

"Somos agentes federales, no se muevan", gritaban los policías a las 250 personas que llenaban la iglesia. La pequeña Liz vio como los uniformados sacaban del templo a su padre junto a otros 32 detenidos.

Dos helicópteros artillados, un avión y camionetas blindadas vigilaban la iglesia cuando los agentes  ingresaron al templo en medio de gritos de mujeres, chillidos de niños y ancianos desmayados. Los invitados estuvieron seis horas tumbados en el suelo.

La policía federal buscaba capturar a Servando Gómez, La Tuta, uno de los grandes capos del cártel de La Familia Michoacana -quien debía ser padrino de la niña-, pero el mafioso no acudió a la iglesia.

Las autoridades acusan a Miguel Ángel Beraza de ser el rey de la droga sintética conocida como ice o cristal; principal distribuidor en EE.UU. de drogas de diseño fabricadas en México, a través de las rutas Tijuana-San Diego y Ciudad Juárez-Houston. Según los informes policiales, Beraza enviaba media tonelada de cristal al mes al otro lado de la frontera en camiones cargados de aguacates cultivados en Michoacán.

La Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA), que participó en labores de inteligencia, elogió el operativo señalando que era un ejemplo de colaboración entre México y EE.UU. en el combate al narcotráfico.

Por el contrario, la Iglesia católica lo condenó con contundencia. La Conferencia Episcopal expresó una "enérgica protesta" por la "falta de respeto y violencia" de la policía federal. Según los obispos, “los fines no justifican los medios”.

La policía destacó que las detenciones se realizaron “sin un solo disparo”. Las autoridades dijeron que los agentes irrumpieron en la iglesia por el peligro de fuga de delincuentes y para evitar enfrentamiento a tiros.

Los invitados a la ceremonia denunciaron que los policías robaban la limosna y les quitaron cámaras y dinero. La policía reconoció haber decomisado a los asistentes 11 coches de lujo, dos armas largas, dos granadas, 13.000 dólares, una computadora, 30 teléfonos celulares y 4,500 pastillas para fabricar droga sintética. La fiscalía detalló que la acción se realizó con "la mayor precisión" para garantizar la seguridad de los que se encontraban en el interior del templo.

Jorge Fernández Menéndez comenta en el diario “Excelsior” que lo desconcertante es que, en vez de investigar qué sucedió para que hombres armados y sus  custodios estuvieran en la iglesia celebrando un servicio religioso, “los obispos protestan contra las autoridades… quizá por el gravísimo pecado de exhibirlos. Y, para colmo, la policía decomisó sus narcolimosnas”.