Un continente en ascuas

Al chavismo parece haberle llegado la hora crucial para irrumpir con la violencia que hace mucho promete Chávez. Se vienen días muy duros.

ElNuevoDiaEditorial El Día

En Bolivia hicimos un escándalo porque Chávez convirtió la celebración del Bicentenario de La Paz en su propia parranda y al día siguiente trató como a su mostrenco a Evo Morales en medio del Palacio Quemado. Qué diríamos de lo que está haciendo el chavismo en Nicaragua, donde está por instalarse el “Vietnam” que no pudo desatar en Bolivia, para restituir en el poder al títere Manuel Zelaya.

Zelaya y sus amigotes han convertido a la frontera entre Nicaragua y Honduras en su propio campamento de avanzada para seguir intentando el retorno a Tegucigalpa. Ya se está hablando del reclutamiento de milicias armadas para desatar la lucha insurgente en el corazón de América Central. Ante el fracaso de la vía diplomática, el chavismo parece haber encontrado la fórmula ideal no sólo para terminar de sentar soberanía en Honduras, sino para extenderse a otros países como El Salvador, donde al igual que la Nicaragua gobernada por Ortega, todavía se observan añoranzas de un pasado guerrillero. Hugo Chávez cree que sólo hay que encender el chispazo y listo.

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Mientras que la mayoría de los nicaragüenses, todos los que no apoyan a Ortega, observan con estupor cómo Chávez se adueña del país y comienza a martirizarlos con recuerdos traumáticos que causaron decenas de miles de muertos, al sur del Canal de Panamá la situación no hace más que contribuir al calentamiento de este clima belicista en el continente.

Desde que Estados Unidos ideó el “Plan Colombia” en 1999 sabía que en Latinoamérica se estaba gestando un cóctel explosivo resultante de la combinación de guerrillas y cocaína. Ocurre que hoy, ese binomio letal tiene de su parte nada menos que a un formidable proyecto político continental con epicentro en Caracas. La Casa Blanca no se queda de brazos cruzados. Mientras que toma una posición nada conservadora en relación a la crisis de Honduras (es posible que Zelaya comience a verse como el mal menor frente a los planes de Chávez desde Nicaragua) y suaviza sus posiciones frente a una Cuba, herida de muerte por la crisis, acelera su proyecto de instalar una base militar en Colombia. El tiempo apremia, pues con Chávez pasándole lanzacohetes a las FARC y con Correa recibiendo recursos de las mismas narcoguerrillas colombianas, cada minuto cuenta para evitar que el líder venezolano cumpla sus promesas. Y por lo visto, éste no bromea ni mide las consecuencias. Sólo basta ver hasta dónde ha llevado el conflicto con Colombia para darse cuenta de que ha llegado la hora nona.

Los actos del 16 de julio nos sirvieron para constatar hasta dónde puede llegar el servilismo del Gobierno con el proyecto que lidera Hugo Chávez, cuya mayor expresión en el país no han sido esos atropellos ni los cheques que se han repartido a diestra y siniestra. Lo ocurrido en Pando, capítulo que aún no se ha cerrado y la incidencia que tuvo Bolivia en los enfrentamientos de Perú, son mejores exponentes de los planes que tiene el chavismo en esta parte de América del Sur.

La propuesta de extender los cultivos de coca de manera casi ilimitada, lo que significará darle rienda suelta al narcotráfico en el país, forma parte de la misma estrategia, con la que Bolivia pondrá su cuota de fragor a este continente en ascuas.