El capitán Walter Andrade encarna el modo de gobernar del MAS. Es el indicio más claro sobre cómo el Gobierno articuló el “caso terrorismo”.
Un elemento llamado Wálter Andrade ha comenzado a convertirse en la explicación fundamental del modo de gobernar del MAS. Se trata de un sujeto aparentemente peligroso, sin escrúpulos y dispuesto a todo. Hay evidencias de que el capitán Andrade estuvo comisionado en diversas acciones “oficiales”: en los hechos violentos de Pando, en la represión de La Calancha, en el secuestro ilegal de opositores al Gobierno, en el ataque a los periodistas de Unitel, en las actividades del grupo de Eduardo Rózsa y por último, se lo ha vinculado al secuestro de uno de los supuestos implicados en el asesinato de Jorge O’Connor, víctima del mayúsculo escándalo de corrupción en YPFB.
Andrade era el jefe de la disuelta Unidad Táctica de Resolución de Crisis (Utarc), cuyas operaciones dependían de las esferas más altas de la administración gubernamental. Entre sus camaradas lo llaman “el Rambito”, por su gran apego a la violencia y las armas. Sólo hay que ver cómo resolvió “la crisis” con un par de reporteros que cubrían un arresto para darse cuenta que estamos frente a un sujeto de características muy especiales. Tampoco es de extrañarse que un individuo que goza de gran respaldo gubernamental y que tiene la impunidad asegurada actúe de esa manera. Otra prueba de ello se puede encontrar en la figura del teniente Georges Peter Nava Zurita, quien resultó absuelto después de haber cometido un atentado en un canal de televisión de Yacuiba, tal como lo prueban las investigaciones de la Policía y la Fiscalía.
La fotografía difundida ayer en la que aparece Wálter Andrade junto a Eduardo Rózsa Flores y el prófugo Ignacio Villa Vargas, aporta el indicio más claro del papel que desarrolló el Gobierno en la articulación del supuesto caso de terrorismo que se lo pretende atribuir a personas e instituciones sin reunir ni una sola prueba creíble.
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A un policía como Andrade se le puede otorgar el beneficio de la duda, tomando en cuenta la posibilidad de un operativo de una infiltración en la célula comandada por Rózsa. Sin embargo, no se puede explicar que una táctica de inteligencia termine en la carnicería de tres hombres desarmados y en calzoncillos, sin haber reunido antes las evidencias suficientes para taparnos la boca a todos los que estamos exigiendo desde hace meses transparencia en la investigación.
Es imposible ahora confiar en las investigaciones que pueda conducir el Gobierno o los jueces y fiscales que están actuando en absoluta connivencia con los que han creado esta bomba de tiempo llamada Wálter Andrade. Y pese a que en las Fuerzas Armadas nadie brindó una explicación coherente sobre la actuación de uno de sus miembros (Georges Peter Nava), no se puede dejar de confiar en que la Policía Nacional o algunos de sus miembros que estén asqueados con lo que está sucediendo, ayuden a buscar la verdad y evitar así un mayor descrédito para la institución. En lo que le toca a la ciudadanía, que espera vivir bajo el amparo de las leyes y la protección de las instituciones del Estado, ésta no puede sentirse más que en el desamparo y la orfandad al observar las armas, la gente y las estrategias de las que se vale este Gobierno “de cambio”, que supuestamente enarbola la paz y la convivencia fraterna.