Qué neutralidad se puede asumir, cuando el proyecto que tiene en mente el oponente es “aplastar”, tal como lo ha ratificado varias veces.
El vigoroso liderazgo que surgió en los últimos cuatro años; la lucha autonómica; el aparato productivo que sostiene más de un tercio de la economía nacional y la indudable vocación democrática de la ciudadanía, convirtieron a Santa Cruz en el abanderado de la resistencia contra el proyecto totalitario que pretende dar su estocada final después del 6 de diciembre. Esas fortalezas también ubicaron a la región en el primer “enemigo” a vencer, en el último eslabón que necesita romper el oficialismo para enseñorearse sin mayores impedimentos en todo el país.
El objetivo político del MAS es muy claro y se resume en la palabra “aplastar”, tantas veces repetida por los máximos exponentes del Gobierno. El presidente Morales también ha reiterado que todo lo conseguido hasta ahora no es suficiente, que es necesario acaparar también el poder económico y por supuesto, dominar ampliamente las tres instancias republicanas.
¿Cabe en este momento asumir una posición de neutralidad frente a las amenazas que se yerguen no sólo contra Santa Cruz? ¿Puede Santa Cruz darse el lujo de asumir una postura dubitativa? ¿Es posible mantener la resistencia en el resto del país y una férrea defensa de la democracia con una Santa Cruz dividida? ¿Cómo se entiende, que sea justamente Santa Cruz la región que ofrezca señales de distensión frente al oponente que ha estado buscando con tanta insistencia la destrucción política y económica de todo lo que representa esta parte del país? Se puede tender la mano cuando existe la certeza de que al otro lado hay una vocación de diálogo y ganas de buscar una fórmula para la convivencia pacífica. ¿Qué otra mejilla puede poner alguien que se encuentra frente a otro que pretende ser su verdugo?
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Siendo el líder de la resistencia democrática nacional, Santa Cruz ya cometió el error de aflojar ante la trampa ilegal del referéndum revocatorio, proceso que le dio un espaldarazo al autoritarismo del MAS y la energía suficiente como para cometer un oprobio como el de Pando. A punto estuvo de perpetrar la misma fechoría en Santa Cruz y que nadie dude de que ese plan apenas ha sufrido un retraso. ¿Pensarán algunos que pueden tener la capacidad negociadora, la habilidad mimética o el poder de convencimiento suficientes para quedarse al margen de acciones como esa? Es posible hacer ese cálculo cuando existe justicia, cuando se respeta la democracia y las instituciones. En las actuales circunstancias, la única opción que puede caber es aquella sentencia que pronunció el Ministro de la Presidencia contra el prefecto de Pando. Así de claro y sincero.
En Santa Cruz hay líderes indiscutidos que han ratificado esa condición en varias ocasiones. No es este el momento de darle vacaciones a ese liderazgo. La gente está esperando una respuesta concreta y alentadora, porque sabe el tamaño del desafío que se viene en diciembre. No se puede esperar hasta abril para adoptar posiciones concretas. La realidad política boliviana avanza a un ritmo vertiginoso, insuflada por un proyecto internacional expansionista que le marca el paso y que le ha puesto la vara muy alta en lo que respecta a la concentración del poder.