Como tendencia recurrente, un péndulo marca los cambios de las tendencias políticas predominantes. Algunas veces sólo cambian los matices y los estilos de los gobernantes y queda intocable el andamiaje político, institucional, económico y jurídico; en otras se conciertan en democracia cambios profundos, con el empeño de ponerse a tono con los tiempos.
Lo importante, ahora, es reconocer el cambio y cómo se lo hace. Nadie puede dejar de lado una realidad: el avance de las ciencias y la tecnología, transforma las conductas ciudadanas. Fácilmente se comprueba que en pocas décadas, nuestras sociedades han modificado sus hábitos y sus expectativas, creando nuevas demandas. La dificultad radica en prevenir que el cambio no altere las libertades democráticas, especialmente cuando se propone transformar radicalmente el Estado, las leyes y las instituciones.
Por supuesto que hay cambios dramáticos: los que se imponen, n o los que nacen dek consenso. Así comienzan los regímenes autoritarios que, generalmente, abrigan la esperanza de ser eternos. Cuando se exhibe una “política de cambios”, con estridentes acentos populistas, generalmente se pone en riesgo las libertades democráticas. Y, aunque los impulsores del cambio hayan alcanzado el poder en elecciones democráticas, es frecuente que ese cambio se confunda con abuso, imposición, intolerancia y persecución de quienes disienten.
En Bolivia se vive un “proceso de cambio” impulsado por el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS). En verdad, el nombre de este partido representa el anuncio de que se propone cambiar la orientación del Estado para llegar al socialismo, aunque nunca aclaró de qué tipo de socialismo se trata.
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Larry Nieves afirma que “por socialismo entendemos cualquier sistema económico en el que los medios de producción están fuera del control efectivo de los individuos. Otra forma de decir lo mismo es que bajo el socialismo la propiedad de los medios de producción es colectiva… En contraste, un sistema capitalista es aquél en el que la propiedad de los medios de producción es individual”. Habría que convenir en que hay diferencias en los socialismos. Inclusive algunas expresiones fascistas se autodenominaron socialistas, por lo que no siempre se advierten claras diferencias. También es notorio que en nombre del socialismo, se establecen crueles dictaduras.
En el caso del MAS, ya en el gobierno se hizo evidente que se inspira en el llamado socialismo del siglo XXI, el que fue inventado por Heinz Dieterich para dotar de alguna doctrina a Hugo Chávez, En realidad, en Bolivia se ha instalado, por ahora, un régimen populista con rasgos indigenistas, aunque el jefe de estado, ante el mundo, dijo ser marxista-leninista, comunista y socialista -todo junto-. Está en su derecho de escoger la ideología que más se adecua a su pensamiento, pero sus incongruencias son ostensibles, especialmente en vísperas de elecciones.
Hace más de dos años, Michael Reid, editor para las Américas de The Economist, dijo que el fenómeno populista “Es un concepto muy difícil de enmarcar…pero básicamente uno puede referirse a movimientos populistas al detectar tres características. Primero, es un movimiento personal, basado más en un líder político y no en un partido. En segundo lugar, se caracteriza por la búsqueda de alianzas poli clasistas, a diferencia del socialismo, por ejemplo, que se basa en la lucha de una clase. Y tercero, siempre existe un fuerte ingrediente nacionalista”.
La cuestión, entonces, es si electoralmente el oficialismo está ofreciendo socialismo –aún el democrático– o, como es probable, trata de consolidar ese su populismo inasible.