Quienes justifican de alguna manera estas salvajes ejecuciones aseguran que el evidente crecimiento de la delincuencia no ha obtenido respuesta en las políticas de seguridad ciudadana…
Los linchamientos de dos supuestos delincuentes que pudieron haber sido sorprendidos ingresando a domicilios particulares en la ciudad de El Alto en la madrugada del sábado pasado son ejemplo de una postura de la población que en los últimos años se ha hecho una dolorosa costumbre, pese a que se ha comprobado en muchos casos que las víctimas de estas ejecuciones eran personas inocentes y que sólo pasaban por determinada zona, cuando algún vecino supuso que se trataba de un delincuente. Luego vendrá la brutal agresión en la que pacíficos vecinos liberan sentimientos realmente criminales en busca de una dudosa justicia.
Se supone que no existe razón alguna que justifique un linchamiento, pues se trata de actitudes que muestran una regresión moral difícil de admitir en una sociedad de nuestros tiempos, más aún cuando se observa que estas acciones criminales terminan gozando de una inadmisible impunidad frente a la justicia. Quienes justifican de alguna manera estas salvajes ejecuciones aseguran que el crecimiento de la delincuencia no ha obtenido una respuesta en las políticas de seguridad ciudadana al punto de rebasar la capacidad ejecutiva de la Policía nacional, una situación que parece evidente.
Estos argumentos parecen encontrar respuesta en ciertas actitudes de la Policía ante algunas demandas ciudadanas. Como ejemplo tenemos la respuesta obtenida por el pedido de los vecinos de la avenida Busch, Villa Fátima y los barrios Gráfico y Petrolero, zonas que por las noches son asoladas por dos pandillas juveniles que asaltan a transeúntes en busca de iPods y teléfonos celulares. De acuerdo con el Director Departamental de la FELCC, la prevención de estos delitos les corresponde a las unidades educativas y a los padres de familia a fin de hacer recapacitar a los jóvenes pandilleros.
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La respuesta del jefe policial nos invita a suponer que esta autoridad no se ha dado cuenta de que se trata de grupos delincuenciales que no sólo roban también golpean a sus víctimas, por lo que es fácil suponer la posibilidad de un probable exceso que puede tener consecuencias fatales dada la evidencia de que los asaltantes están en estado de embriaguez o bien han consumido drogas. ¿O la respuesta del comandante de la FELCC es una invitación a los vecinos para que opten por buscar la justicia por sus propias manos?
Es evidente que los recursos de la Policía Nacional son insuficientes tanto en equipos como en efectivos de tropa para poder hacer frente a esta creciente ola delincuencial, vale decir, no existen ni tropa ni vehículos patrulleros que puedan cubrir la ciudad en recorridos nocturnos. En estas condiciones ninguna política de seguridad ciudadana puede tener éxito. El Supremo Gobierno anunció la compra de, por ejemplo, aviones chinos o armamento ruso para fortalecer a las FFAA, en tanto —según parece— prefiere ignorar la urgente necesidad de fortalecer a la Policía Nacional para que pueda enfrentar una cada vez mayor ola delincuencial.