Enemigos fuera y, peor, enemigos dentro


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Daniel A. Pasquier Rivero

Sólo Dios, para los creyentes, es inmutable. Todos los días somos testigos cómo se viola la ley, se tergiversa la realidad de los ciudadanos, se asesina con saña, se imponen visiones de unos sobre otros sin miramientos ni respeto a los derechos de los demás. Los inocentes van a la cárcel y los delincuentes andan de parranda. ¡Parece el fin del mundo! Y peor, la situación apunta para largo. La victoria de los impostores indigenistas y defensores de los pobres se da por descontado. La oposición es casi un cuento. Se insiste en debates para presentar programas y es para echarse a llorar frente a la Tv viendo resultado tan pobre. ¿Es que no hay alternativa a la mentira oficial? Afortunadamente somos humanos y todos pasaremos, personajes y programas.



La lección del 29 de octubre de 1929. En medio de la euforia post belicista el mundo se enriquecía, sobre todo, los menos. Se bailaba charleston y can-can, eran los felices años 20. Desde 1924 el índice Dow Jones ascendía como la espuma, los que tenían acceso al dinero duplicaban ganancias de la noche a la mañana, hasta que el 3 de septiembre llegó el campanazo, estaba en los 380 puntos. El 29/10 sería para todo el mundo “el martes negro”. Toda la riqueza se vendría abajo y los pobres aún más abajo formando kilométricas colas para conseguir un plato de comida. En dos años y medio el valor de las inversiones caería el 90.4 %. Se requerirían 22 años para recuperar los míticos 380 puntos en Wall Street, y dejar países devastados, millones de muertos, la realidad de la bomba atómica y heridas que hoy todavía no terminan de cerrarse. Ni los que vivían el frenesí del champán, ni los que padecieron las consecuencias del crack del 29 pensaron que todo eso acabaría. Y pasó.

Ochenta años después “crack” es Pelé o Di Stéfano, Sampras, Federer; también hay adictos al crack, terrible droga a disposición gracias a la cocaína, el orgullo de los fundamentalistas andinos; se ofrecen programas para “crackear”, como el A10 Tutoring Crack, etc. Pero el 2008 recordó el significado de “crack financiero” con todas sus secuelas globales: caída de los valores en Bolsa, pérdida de inversiones, quiebra de empresas (incluyendo cientos de bancos “grandes”), aumento descontrolado del desempleo en economías grandes, medianas y pequeñas, el pánico de una recesión en la economía mundial: más hambre y más miserias sin distinción de colores. Los entusiastas “interventores políticos gubernamentales” aparecen ante los técnicos, una vez más, al igual que el 29, como principales responsables y causantes de la crisis. ¿Es posible un Madoff sin un Clinton? Es que no se puede, impunemente, en ningún sitio, predicar e inducir a la sociedad hacia una cultura de enriquecimiento fácil, independiente de si es lícito o ilícito, a ganar desde sus casas, a prestarse dinero para especular, a ganar sin invertir y, menos todavía, a ganar dinero sin trabajar. Es la burbuja, primero en el cerebro, después en la economía.

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La realidad pone en su sitio tanta codicia, tanta euforia sin sustento, pero también posterga la solución a los problemas materiales, culturales y espirituales de los pueblos. Los líderes del mundo, en lugar de empeñarse en acabar con la miseria de más de mil millones de seres humanos, ese engendro principal de la corrupción, continúan pertinaces haciendo castillos en el aire hablando de inclusión sin planes para revertir las causas de la pobreza; siguen defendiendo en foros internacionales los derechos humanos mientras encarcelan a sus contendores, y compran armas sofisticadas o machetes para armar a famélicos combatientes mercenarios para mantenerse en el poder. Lo peor, por momentos, se mata la esperanza de los pueblos en un futuro mejor, en paz, con justicia y dignidad.

Evo pasará, no es la excepción. Es pieza importante del proyecto continental de toma del poder por parte de la ultraizquierda estalinista con sede en La Habana y Caracas. Es una copia fiel y avanzada del castro chavismo. Pero, ya apagó 50 velitas. Edad de superar estupideces, como se suele calificar a la época de adolescencia y juventud. Lástima, para los ingenuos, a esa edad, es sin compostura. Pero también, el fin se acerca. Lo biológico es ineluctable, aún teniendo como consejero a Choquehuanca que le hablará de la coca y los 200 años. El masismo sin Evo es insostenible, ni llenando los bolsillos a los nuevos caudillos, muy lejos por detrás, ideológicamente cuestionados, repetidamente fracasados, oportunistas de cualquier sigla, de antecedentes siniestros que entremezclan mediocridades intelectuales, ambiciones desmedidas, inescrupulosos de toda laya y, lo peor, tipos obcecados y decididos a todo, incluyendo la práctica sistemática del delito hasta perder el respeto a la vida de quien se interfiera en su camino.

Hoy algunos tratan de subirse al carro del vencedor. Están en su derecho. La honra es personal. Y la traición siempre se paga, aunque sea sólo quedando grabada en la memoria colectiva. Se entusiasman con victorias a corto plazo, desconociendo “el fracaso del proyecto socialista”, como recuerda Juana a sus hermanos Fidel y Raúl Castro; toda Europa lo sufrió 70 años. Lo mismo que reclaman a Chávez las comunidades indígenas y movimientos populares de Venezuela que encarnan la “lucha por tener Patria” y reciben como respuesta prisión y balas; lo mismo recibieron de Evo los quechuas, aymaras, mojeños, yuracarés y mestizos bolivianos en las épicas jornadas de Huanuni, Cochabamba, La Calancha, Porvenir, Parque Isiboro Sécure y, hasta El Alto, en sólo 4 años. El proyecto cruceño no es de nadie, pertenece al pueblo, y no lo para nadie. Es saludable que pelen capucha. El Santa Cruz democrático, productivo y solidario tiene al frente al prebendalismo racista fratricida del centralismo andino totalitario, al que vencerá sin la soberbia de los mandamases, con unidad, que es fortaleza. Más vale encararlo sin enemigos dentro.

ICEES, Santa Cruz (Bolivia)