Chávez ya no quiere dominar a Bolivia sólo con sus petrodólares. Pretende convertirla en el centro de su pretendida expansión militar.
El presidente venezolano se fue molesto de Cochabamba el pasado domingo, porque la declaración final de los países miembros de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) no incluyó la terminología belicista que él pretendía para la “estrategia de defensa integral conjunta” que fue aprobada al finalizar la cumbre.
Hugo Chávez, quien volvió a las amenazas de desatar un Vietnam en el continente, ejerce una fuerte presión para que los países satélites del régimen bolivariano, avancen en el diseño de un plan de resistencia militar, que incluya la movilización de tropas y armamento y sobre todo, que tenga posibilidades de intervenir en los conflictos internos. La molestia del líder se entiende, porque ni siquiera Evo Morales, que suele ser el más sumiso del esquema bolivariano, estuvo de acuerdo con la propuesta.
No es nueva la intención de Hugo Chávez de formalizar y reforzar la penetración militar que desde hace años viene ejerciendo de manera subrepticia en los países que se han abierto a la injerencia venezolana. De hecho, esta gravitación le dio la autoridad el año pasado para lanzarles amenazas a los militares bolivianos que se resistían a perpetrar una invasión armada en Pando y la idea era ocuparse él mismo del asunto, intención que fue frenada por la Unasur. Lo mismo ha sucedido en Honduras, cuya vecina Nicaragua ha estado a punto de convertirse en la plataforma de una incursión insurgente comandada por las tropas de Chávez. Y el presidente venezolano lo dijo claramente en Cochabamba, al chavismo ya no le alcanza con tomar el poder continental con sus petrodólares y las dádivas que reparte a manos llenas; la próxima etapa tiene que ser la conquista militar, para asegurarse que no se repita otro golpe en su contra como el que le dieron los hondureños.
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Para Chávez hubiera sido una gran victoria que la creación de esa “OTAN” de América del Sur –su propia OTAN-, se produzca en Cochabamba, el corazón del continente, muy cerca del lugar donde el “Che” Guevara fracasó en su aventura revolucionaria. Tal vez esté sorprendido con la reticencia boliviana, ya que este país ha sido utilizado sistemáticamente como campo experimental para ensayar desde aquí la penetración bolivariana en Perú; y ahora va por Paraguay. Durante la cumbre, el venezolano alertó sobre un supuesto intento de golpe de Estado contra Fernando Lugo (quien a último momento desistió de viajar a Bolivia) y dijo que las denuncias sobre la carrera armamentista son inventos de la derecha paraguaya. Cuidado que el próximo paso lo dé Evo Morales, desa-tando con el escurridizo Paraguay, las mismas discordias que ha estado atizando con los peruanos.
No hay duda que el régimen de Evo Morales está en medio de una encrucijada. Por un lado, el Gobierno del MAS no se puede entender sin el padrinazgo de Hugo Chávez del cual le resultaría imposible desprenderse. Del otro lado, primero está Brasil, un vecino demasiado grande como para tolerar nuevas aventuras y movimientos de “fierros” en sus barbas; y segundo, Paraguay, un país que tiene suficientes motivos para portarse quisquilloso y que, según lo ha demostrado últimamente, no está dispuesto a aguantar “jugarretas”.