Los violentistas sin careta cívica


Y lo peor es que un connotado dirigente del partido oficialista acogió en sus filas a varios de tales sujetos, en medio de una fanfarria publicitaria obviamente dirigida, con fines proselitistas…

laPrensa Editorial La Prensa

En toda colectividad humana existen siempre sujetos o grupos con tendencia a la violencia y el crimen, algo que se registra en todos los segmentos sociales, aunque adquiere mayor extensión y recurrencia en sectores castigados por la extrema pobreza, desocupación, bajos niveles de educación, cultura e información. Se trata de situaciones que bajo ciertas condiciones, como la desintegración del núcleo familiar o el maltrato a los menores, provocan en éstos traumas que sacuden su personalidad y después les empujan a la violencia y el delito.



Las pandillas juveniles, que proliferan en muchos barrios de diversas capitales de nuestro país y que en Santa Cruz de la Sierra protagonizan luchas casi zoológicas por el control del territorio, cometiendo, entre otros muchos delitos, asaltos, violaciones y robos agravados, son la consecuencia típica de los referidos desajustes de toda sociedad.

Y ahora está bastante claro también que el perfil descrito en el párrafo precedente encaja también en algunos integrantes de las denominadas “barras bravas” deportivas, protagonistas, en los últimos meses, de repudiables hechos de violencia. Lo preocupante es que no existan barreras que a estos desadaptados les cierren el paso a instituciones en las cuales de ningún modo debieran ingresar.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Es el caso de la Unión Juvenil Cruceñista, en la que no tuvo que pasar mucho tiempo para que dos violentistas se despojaran de su careta cívica. De la noche a la mañana aparecieron como partidarios del Movimiento Al Socialismo (MAS), al que combatían persistente y furiosamente, encabezando incluso acciones de tomas de oficinas públicas como las que el año pasado terminaron desvirtuando en sumo grado una gesta cívica regional. Y lo peor es que un connotado dirigente del partido oficialista acogió en sus filas a varios de tales sujetos, en medio de una fanfarria publicitaria obviamente dirigida, con fines proselitistas, a la clase media cruceña.

Lo normal y racional sería que a sujetos violentistas como los aludidos se les abriera las puertas de un centro de terapia psicológica para que —tras un correcto tratamiento médico— se restablezcan plenamente y no las de un partido político.

Creemos que el MAS dio un mal paso al hacer lo segundo. Primero, porque el asunto no mejora, sino que empeora su imagen política en la actual campaña electoral, como lo podría acreditar cualquier encuesta que se haga en estos momentos sobre el tema. Segundo, porque gente así, en sus filas, le representa no sólo más pérdidas que ganancias, sino un riesgo.

En cualquier momento, los descalificados individuos pueden hacer contra el Movimiento Al Socialismo barrabasadas mucho más graves que, a cambio de lo que todos sabemos, hicieron contra una institución cívica como la Unión Juvenil Cruceñista, que imprudentemente les había acogido.