Pese a la reprobación de la jerarquía católica, el cura del Cementerio General de La Paz ofició una misa para más de un millar de calaveras, aunque dejó la bendición en manos de los creyentes. Actualizado 09/11/2009
Devoción: el templo del Cementerio General de La Paz, lleno de “ñatitas” en brazos
La Prensa. “Con misa o sin misa, los milagros de las ‘ñatitas’ son posibles cuando se tiene fe”.
Pese a que la Iglesia Católica anunció que no realizaría la tradicional misa de bendición a las “ñatitas” en el templo del Cementerio General de La Paz, más de un millar de calacas llenaron el lugar en brazos de sus devotos, y la ansiada celebración se dio a las 11.00, aunque no fue el sacerdote quien las ungió con agua bendita, sino sus dueños.
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En la capilla no hubo lugar ni para moverse, personas de todas las edades y estratos sociales, paradas delante de las bancas y en los pasillos, escucharon al sacerdote, quien antes dejó el agua bendita cerca de las puertas de salida del templo.
En días anteriores, la Iglesia Católica reiteró su decisión de no ungir con agua bendita a las calacas por considerarlo profano, en ese sentido, a las 11.45, la muchedumbre, que apenas cabía por las puertas laterales de templo donde estaban las fuentes de agua bendita, salió desesperada y desordenada.
A ellos se sumaron los fotógrafos y camarógrafos que no querían perderse las imágenes del momento. Esta aglomeración provocó que el líquido santo se desperdigara por los aires, llegando el agua a los creyentes más que a sus “ñatitas”, como a Luisa Mamani, quien con “Melecio” en brazos se río a carcajadas por el hecho.
“Melecio”, el cráneo del hermano de Luisa, está pintado de blanco. Murió a los 15 años, “era el hijo predilecto de mi papá (Felipe Mamani), el último varón”, dice Luisa. Por eso, hace 23 años, cuando tenían que incinerar el cadáver, su padre quiso quedarse con la cabeza.
Luisa, cuya familia prefiere venerar a su calaca en la intimidad del hogar, sin fiestas, se sintió frustrada y denunció que la misa y la bendición se realizó después de que una señora recolectara dinero para donar a la iglesia del Cementerio general.
Mientras, la música de grupos folklóricos, bandas y niños rezadores se escuchaba por los alrededores de la capilla, algunos daban serenatas a sus “ñatitas”, algo que puede costar entre 20 y 50 bolivianos. No faltan los creyentes que dejan a otras calacas pequeñas coronas, velas, cigarrillos y otras osamentas.
Más tarde, la fiesta se trasladó a locales cercanos al camposanto, como el salón Don Vico, donde “Claudio”, “Angélica”, “Carlos”, “Rosa” y “Mariano” son festejados por sus nietos Iván Ramos y Roxana Cerezo.
En vida, esas calaveras fueron curanderos, como ahora lo son sus hijos, Fermín Cerezo y Victoria Titirico, quienes agasajan una vez al año a sus “ñatitas”, esta vez, estos prestes han invertido cerca de 3.000 bolivianos e invitado a más de 50 personas devotas.
En tanto, los partícipes llegan de a poco con fardos de cerveza al local que está adornado con globos blancos y lilas. A medida que arriban los invitados con sus obsequios, éstos son registrados en una lista para el ayni, ya que es costumbre retribuir en la misma medida los regalos.
Esta tradición con las “ñatitas” comienza de diferente forma, como cuenta el dentista Fidel, dueño de cuatro calacas de dentadura perfecta. Las adquirió hace 15 años, cuando comenzaba a estudiar. Recién este año “decidió llevarlas a misa y al cementerio”.
Sus calaveras no tienen apodo; según Fidel, “ellas tienen que ponerse su propio nombre”. Eso pasó con “Lorenzo”, por ejemplo. Se puso el suyo cuando su dueña, Ninfa, soñó con él. “Es un hombre vestido de plomo y tiene como 60 años”. Ha sido el benefactor de cinco generaciones de médicos a quienes ayudó a culminar sus estudios.
La tradición pasó por varias generaciones y prosigue. La dueña de “Juan Pedrito”, Nicolasa viuda de Soria, sostiene que “con misa o sin misa, los milagros de las ‘ñatitas’ son posibles cuando se tiene fe”. “Juan Pedrito” es un ex minero orureño, y hace ocho años comparte amistad con las calaveras “Andrés”, “Tía Dominga” y “Bebé”, con quienes se da cita en el mismo lugar cada 8 de noviembre; hasta hicieron fiesta juntos hace cuatro años.
Oposición
El Arzobispo de La Paz exhortó el 31 de octubre a no hacer misa a las “ñatitas”.
Abastoflor dijo que las misas son para los fieles difuntos o almas desconocidas.
Pidió a la población respetar los restos mortales y no fomentar creencias en calaveras.
Fiesta. Las ñatitas salieron de casa El Cementerio General de La Paz se llenó de gente que celebró el rito de fe en el poder de los cráneos humanos.
La Razón. “Mi esposo murió hace nueve años, lo hice cremar y me quedé con la cabecita, para que sea nuestro guardián”, relata Rosa Mamani viuda de Quispe. La familia conserva el cráneo en un altar especial, donde cada lunes se le prende velas. “Él cierra y abre las puertas del ropero cuando no quiere que mis hijos salgan por la noche”, afirma la viuda.
Ayer, como cada 8 de noviembre, el Cementerio General se llenó de creyentes desde las 10.00 hasta muy entrada la tarde, todos cargando lo que popularmente se conoce como ñatitas. Los pasillos del camposanto, e inclusive la avenida Baptista, que tuvo que ser cerrada al tráfico, mostraron una procesión de gente con cráneos adornados de coronas de flores, mixtura, cigarros, hojas de coca y hasta gorras. No faltó la música a cargo de bandas o de zampoñaris o khantus.
La Iglesia Católica, que dejó de celebrar la misa para las ñatitas hace dos años, debido a que considera que son almas que deben descansar en paz en sus tumbas, de todas maneras estuvo presente. Un representante de la parroquia del Cementerio Central roció a fieles y sus festivas urnas con agua bendita.
Según la creencia popular, el cráneo de un humano debidamente venerado, satisface las más exigentes peticiones.
La gente contó que las ñatitas cuidan las casas para evitar a los malos espíritus o desanimar la acción de los ladrones. “Un día viajamos con toda la familia y dejamos la casa deshabitada. Cuando volvimos, los vecinos nos contaron que vieron a unos ladrones muy asustados salir por encima de las paredes, seguramente porque vieron que las luces se encendían y apagaban; ésa fue Bernardita”, contó María Quisbert al referirse a su ñatita que lleva ese nombre.
Los cráneos suelen ser de familiares fallecidos, pero también de algún difunto anónimo. Lo que importa es que sirvan de aliados y de protectores.
“Esta ñatita me la regaló un amigo y le puse el nombre de Renatita, la tengo hace cinco años y cada lunes le prendo una vela, le pongo flores y le pido lo que necesito, nunca me ha fallado”, comunicó Marcelo Pinto.
Roberto Choque, uno de los cuidadores del Cementerio, denunció que muchas veces los
nichos son profanados por personas que se roban los cráneos para luego venderlos o regalarlos.