Muy oportuno sería que las muchas organizaciones ecologistas que operan en Bolivia rompan su sospechoso silencio. Que digan lo que piensan o que dejen de hablar en nombre de la “Pachamama”
Muy pocos días después de que una serie de informaciones de prensa daban cuenta de importantes avances en un proceso tendiente al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre nuestro país y Estados Unidos, el Vicepresidente del “Estado Plurinacional”, Álvaro García Linera, ha desahuciado tal posibilidad.
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La causa de tan importante giro diplomático consiste en un estudio elaborado por Conservación Internacional, institución financiada por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), según el cual la intención gubernamental de construir un ingenio azucarero en San Buenaventura, en el norte de La Paz, causaría serios daños al equilibrio mediambiental de la zona.
Según el estudio en cuestión, la masiva plantación de cañaverales en el norte paceño pondría en serio riesgo la preservación del parque Madidi, una de las reservas ecológicas más importantes no sólo de Bolivia, sino del mundo entero. Además de ello, ocasionaría serios daños a los frágiles suelos de la región.
El Vicepresidente salió al paso con inusitada agresividad ante tales opiniones, advirtiendo que el proyecto San Buenaventura se llevará a cabo “pese a quien le pese”. Desde su punto de vista, lo único que explica que Conservación Internacional cuestione la conveniencia de hacerlo es el afán del gobierno de Barack Obama de dañar al régimen del MAS y su proyecto político, razón suficiente para mantener en su estado actual nuestras relaciones diplomáticas con EEUU.
Resulta evidente, sin embargo, que el Vicepresidente está muy equivocado. Es que no es sólo “el imperialismo” el que tiene muchas críticas que hacer a la manera cómo el gobierno de Evo Morales actúa cuando de llevar a la práctica su supuesta defensa de la “Pachamama” se trata.
Cabe recordar, al respecto, que durante los últimos meses han sido muchas las oportunidades en las que importantes organizaciones ecologistas han salido al paso de diversas políticas gubernamentales. Y en la mayor parte de los casos, se trata de Organizaciones No Gubernamentales muy estrechamente ligadas desde hace ya muchos años al Movimiento al Socialismo y su supuesta identificación con la defensa del medio ambiente.
A eso nos referíamos en este espacio editorial el pasado 21 de julio, cuando bajo el título “Una contradicción fundamental”, llamábamos la atención sobre la falta de coherencia entre lo que el gobierno del MAS dice y lo que hace. Entre los ejemplos en los que respaldábamos nuestra afirmación recordamos que el Foro Boliviano sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade), muchos de cuyos principales miembros son ahora importantes funcionarios gubernamentales —como el Contralor “interino”—, ha manifestado repetidamente su preocupación por la manera como muchos proyectos gubernamentales están haciendo estragos en la salud de la “Madre Tierra”.
Con tales antecedentes, muy oportuno sería que las muchas organizaciones ecologistas que operan en Bolivia rompan su sospechoso silencio. Que digan lo que piensan, o que dejen de recaudar millonarios aportes de quienes en todo el mundo, sin ser agentes del “imperialismo”, financian a quienes tanto hablan y tan poco hacen en nombre de la “Pachamama”.