Tras la no publicación de una columna de opinión suya en un medio de prensa, su nombre empezó a ser noticia. Su opinión ahora la da verbalmente y muestra que su voz no dejó de tener fuerza. Recuerda que ya vivió algo similar en 1971, cuando gobernaba Bolivia un militar.
Labor. Su pasión también está relacionada con la elaboración de vinos artesanales. Tiene un programa de radio en el que realiza análisis económico
El Deber
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Roberto Navia
– ¿Por qué ya no se ve su trabajo en la prensa escrita?
– Porque el diario La Razón no publicó un artículo mío y después me avisaron que había sido retirado. La verdad es que yo estaba incómodo desde que me enteré que el periódico fue vendido a capitales venezolanos. De alguna manera el haber sido despedido, aunque de manera tan torpe, fue un alivio para mí porque me sentí libre de un nexo que ya no me gustaba. Cuando mis amigos me dijeron que les gustó mucho mi actitud digna, parece que estaban esperando que yo me pusiera a llorar, pero siento lo contrario.
– ¿Tiene certeza de que dicho periódico pertenece a un empresario ligado al Gobierno de Venezuela
– Sí, ya son demasiadas evidencias. Yo tengo, además, la información de que el nuevo dueño es un señor que se llama Carlos Gil, un empresario millonario venezolano. Está asociado a inversiones españolas con quienes hizo el negocio de darles acciones de un canal en Estados Unidos como parte de pago por la adquisición de La Razón. Por eso es difícil saber el monto de la operación. Antes se hablaba de que al diario querían venderlo en $us 15 millones.
– ¿De qué trata el artículo que no se publicó?
– El artículo titulaba La Pachamama puede esperar. Trataba sobre la actitud dudosa, indecisa e incierta del Gobierno respecto a las licencias ambientales para las empresas mineras y petroleras. A PDVSA le concedió una licencia en especial para que entre a operar en la zona norte de La Paz, burlando las normas que establecen que debe haber un periodo de consulta de varios meses.
-¿Esperaba este desenlace?
– Sí, pero sospechaba que me iban a despedir después del 6 de diciembre, tomando en cuenta que el Gobierno está haciendo el esfuerzo de ganarse a la clase media y como La Razón es un periódico leído por ese sector de la sociedad, creí que iban a dejar mi despido para cuando pasen las elecciones. Tengo la sospecha de que hay poca coordinación en la campaña.
– ¿Es la primera vez que siente que lo callan?
– La primera vez que me expulsaron de un periódico fue en 1971, durante la dictadura de Hugo Banzer. Yo era secretario general de la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia y cumplía mis funciones en Presencia. En una confabulación entre el presidente del directorio de ese diario y el Gobierno de Banzer me enviaron al exilio a Argentina. Tengo la sensación de que yo me llevo mal con las dictaduras. Me parece que el sentimiento es recíproco de ellas hacia mí; no les gusta mi trabajo.
– Entonces, ¿usted cree que ahora estamos en dictadura?
– Yo creo que esto es una dictadura naciente.
– ¿Por qué?
– Fíjese lo que está haciendo el Gobierno. Está mostrando cómo van a ser sus próximos cinco años. Atropellar a la Corte Suprema de Justicia, a la comisión investigadora del caso Rózsa. Al haberme despedido está demostrando que con la libertad de expresión va a tener muy poco cuidado.
– ¿Qué pierde el periodismo cuando las inversiones extranjeras están en los medios?, ¿esto es malo?
– En Bolivia, igual que en otros países, existen restricciones a que capitales extranjeros controlen medios de comunicación por encima de un porcentaje equis. Hay que recordar que hasta hace poco La Razón pertenecía a capitales españoles. Yo no vi que el grupo Prisa hubiera tratado de influir en la línea informativa, en la opinión del medio.
Ahora estamos hablando de capitales provenientes de un país que tiene muchísima influencia en el gobierno de Evo Morales.
El hecho de que se presente esta compra es mucho más preocupante, porque se trata de capitales de un país que tiene actitudes hegemónicas sobre Bolivia, de influencia ideológica y económica. Al parecer también una empresa venezolana ha comprado el Ferrocarril del Oriente, eso lo dice el periodismo.
– ¿Usted vivía del sueldo del diario para el que escribía?
– Yo no voy a tener jubilación porque he vivido en el exilio durante 12 años. No me alcanzan mis aportes. Tengo 66 años. Necesito trabajar hasta estirar la pata. Pensé que había encontrado el lugar donde iba a seguir escribiendo mi columna, los editoriales y así transcurrir mi vejez. Pero este hecho viene a romper todos mis planes y me pone en una situación difícil. Pero no me quejo de lo ocurrido, lo que digo es que ya estaba incómodo con esa relación y que de alguna manera ha sido un alivio para mí que me hayan despedido.
Perfil
Periodista desde los 15
Humberto Vacaflor nació en Tupiza, Potosí, hace 66 años. Estudió periodismo en La Paz y en Roma (Italia). En 1971 salió exiliado hacia Argentina. También estuvo en México y en Inglaterra en 1980. Trabajó en varios medios de reconocida trayectoria, entre ellos la BBC de Londres.
Retornó al país en 1986 y desde entonces empezó escribir en la carta informativa Siglo 21. Recuerda que empezó haciendo radio a sus 15 años, en su tierra natal. Actualmente tiene un programa radial en Panamericana que se llama Análisis Económico que se transmite a las 7:20 de lunes a viernes.
Dice que el año 2000 lo llamaron de La Razón para pedirle que escriba editoriales y la columna que se editaban los sábados, domingos y lunes.
Vacaflor está casado y tiene dos hijos. Vive en Tarija, donde se dedica a producir vinos artesanales desde hace tres años.