Actualmente varios países de Sudamérica están en una situación de tensión diplomática, la cual es minimizada por los gobernantes, que no toman en cuenta los conflictos que pueden surgir, por un falso protagonismo y posiciones ideológicas anacrónicas.
Lo cierto es que los enfrentamientos verbales que inician algunos gobernantes tienen la finalidad de perjudicar y molestar a gobiernos considerados enemigos por su diferente forma de pensar y actuar. No falta algún primer mandatario que se suma a la confrontación para apoyar a algún presidente amigo o que responde a la misma ideología. Al asumir posiciones forzadas lo que se busca es crear problemas al contendiente y aparecer como un Jefe de Estado que quiere hacer respetar a su país, cuando en verdad se trata de distraer a la población para que no observe problemas internos.
En los últimos días la tensión diplomática fue agravada por la denuncia de espionaje a favor de Chile y contra el Perú. En tal sentido, personal de inteligencia de las Fuerzas Armadas de la Nación incaica, después de un largo proceso de seguimiento e investigación, estableció que un militar peruano hacía espionaje para el Mapocho. Esa revelación causó malestar y preocupación entre las autoridades y pueblo peruano, incluso el Jefe de Estado, que se encontraba participando de una cumbre presidencial, tuvo que abandonar el cónclave y retornar a Lima, para tomar conocimiento del delito que puede ser castigado hasta con la pena de muerte.
Según un analista internacional, la captura del espía peruano al servicio de Chile fortalece al Perú y sobre todo le ayuda en su demanda marítima ante el Tribunal Internacional de La Haya, debilitando la imagen internacional del Gobierno transandino. Además por este hecho en las próximas elecciones de diciembre los votos de los disconformes e indecisos podrían favorecer al contrincante de la presidente Michelle Bachelet. Día que pasa aumenta la tensión diplomática porque en tanto la Jefe de Estado de Chile rechaza las acusaciones del Perú, calificándolas como ofensivas y altisonantes, el mandatario peruano afirmó que dicho espionaje es repulsivo, propio de una republiqueta y proviene de costumbres pinochetistas.
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También hay otro conflicto diplomático entre Venezuela y Colombia, que se acrecentó después de que se denunciara la instalación de bases militares estadounidenses en territorio colombiano, lo que según el presidente Hugo Chávez afecta la paz y seguridad de la región, llegando al colmo de pedir a sus compatriotas armarse para la guerra, aunque días después se retractó el mandatario venezolano, responsabilizando de una mala interpretación de lo que dijo, a la prensa. Pero poco después nuevamente lanzó ataques y sindicaciones contra el gobierno de Alvaro Uribe, por lo que los colombianos hicieron la representación ante organismos internacionales por esas agresiones e insinuaciones.
En Bolivia el presidente Evo Morales Aima apoyó la convocatoria de su homólogo venezolano, así como el llamado a la guerra, añadiendo otro frente de pugna a los que tiene con Perú y Estados Unidos, sin dejar de mencionar a Chile por el problema de las aguas del Silala y nuestra reivindicación marítima.
Recientemente han dejado perplejos a los ciudadanos las declaraciones del vicecanciller boliviano Hugo Fernández, quien manifestó que espiar es “normal”, justificando de alguna manera el espionaje que hizo el mencionado militar peruano a favor de Chile. Es inconcebible que el segundo hombre del Ministerio de Relaciones Exteriores formule criterios que no son los adecuados y lo peor es que compromete al país en asuntos internos de los estados confrontados, en este caso por un delito considerado de traición a la Patria. Se sabe que el presidente Evo Morales comete deslices en materia internacional por falta de conocimiento, pero que un alto funcionario haga declaraciones que pueden crear un conflicto internacional revela ante el mundo su ignorancia sobre derecho internacional y falta de tino diplomático.