Los diputados que investigaron el “caso terrorismo” hacen el ridículo con conclusiones que esconden mucho más de lo que revelan.
Editorial
Jueves, 19 de Noviembre, 2009
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Alguien debería pedirles cuentas a los diputados de la comisión que ha investigado el caso terrorismo. Seguramente no es nada frugal la suma de dinero que han gastado estos señores en viajes, viáticos, eñes y eses, para llegar a la misma conclusión que el ministro Rada, el vicepresidente Álvaro García Linera y casi todos los miembros del gabinete repitieron como loros dos días después de la matanza del 16 de abril en el hotel Las Américas, cuando en los medios de comunicación ya corría la sospecha de que todo era producto de un burdo montaje.
Los diputados de marras se han limitado a enumerar todos aquellos nombres de las personas que supuestamente financiaron las actividades del grupo comandado por Eduardo Rózsa, algunos de los cuales murieron ejecutados hace siete meses. Las pruebas que relacionan a esos “sospechosos” son tan endebles como lo fueron en el inicio de las investigaciones y en algunos casos las evidencias son inexistentes. Machacar nombres e instituciones tiene idénticos fines políticos y mediáticos que los perseguidos por el Poder Ejecutivo. Desde el punto de vista del show que acaban de hacer, nada lo diferencia del ridículo que hizo el ministro de Gobierno, cuando mostró aquellas fotografías obtenidas de Internet, tratando de hacer quedar como “terroristas” a personas que practicaban un juego inofensivo.
Se ha quedado corto el que dijo que todo esto es una “bellacada”, si no, qué nombre se le puede poner a la torpeza de excluir al hecho central del “caso terrorismo” que lo constituye la matanza del 16 de abril. Es absolutamente desfachatado afirmar que ese es “otro asunto” y que la comisión de diputados sólo se aboca a la fase previa, es decir a la organización y el financiamiento de la banda de Eduardo Rózsa. Obviamente, es muy grande el berenjenal que hay que atravesar para tratar de explicar qué sucedió esa fatídica madrugada en la calle 21 de Mayo y son demasiadas las contradicciones en las que han incurrido los violentos del Gobierno que ingresaron a matar a mansalva en los cuartos del hotel, tal como lo han demostrado los informes elaborados a nivel local y en las policías de Irlanda y Hungría.
Pero incluso en la fase organizativa los diputados fueron muy escrupulosos en seleccionar sólo los datos que convienen para tratar de salvar al Gobierno como el gran urdidor de esta intriga. Para ellos no vale la foto de Andrade tomándose una copas con Rózsa, tampoco los numerosos videos que proporcionaron algunos policías y menos la figura de un funcionario del Ministerio de Gobierno de apellido Clavijo que se encontraba en el hotel Las Américas la noche del tiroteo. ¿Y el pasaje pagado por la Embajada venezolana? ¿Y los correos electrónicos entre los que aparece el nombre del vicepresidente? ¿Y las contradicciones que hay sobre el atentado a la casa del Cardenal?
El único que le puede otorgar valor a ese mamarracho de investigación es el inefable fiscal Soza, quien acaba de abandonar su fase de aislamiento (la vergüenza es a veces un reflejo involuntario) para hacer saber que tomará en cuenta las conclusiones de los diputados a la hora de hacer las acusaciones contra los que él considera culpables en este caso, que dicho sea de paso, son los mismos que él guarda en sus carpetas.
Los diputados que investigaron el “caso terrorismo” hacen el ridículo con conclusiones que esconden mucho más de lo que revelan.