No todo es claro en la lucha contra el narcotráfico


Hay dos aspectos importantes en la lucha contra el narcotráfico que llaman la atención, en primer lugar, las grandes cantidades decomisadas no precisamente por eficiencia de la FELCN y en segundo lugar la desaparición, casi mágica, de los culpables.

opinion Editorial Opinión

Ya no tiene sentido discutir si el narcotráfico se ha incrementado o no. El aumento delictivo de esta actividad se nota a simple vista, podemos decir que se siente. Un aspecto estructural muy delicado que compromete la existencia misma de Bolivia, es el aumento casi mágico de la cantidad de dinero sin relación con el aumento de la producción y productividad de las estructuras nacionales correspondientes. El debate, en consecuencia, debe referirse a dos aspectos esenciales: ¿cómo suprimir ese flagelo y advertir al país de las consecuencias de la narcotización creciente?



Es evidente que el aumento de la producción de coca, más allá del monto que se necesita para satisfacer las necesidades tradicionales, internamente es causa determinante de esta extraña explosión de la cocaína. Es también obvio que la cantidad de hectáreas de la planta a que nos referimos, depende no sólo de las declaraciones del Gobierno, sino de su conducta real, objetiva, verificable. Actualmente no hay otra entidad que el Estado para resolver este problema.

En la lucha contra el narcotráfico hay dos componentes que llaman la atención al analista más condescendiente, en primer lugar, la cantidad de factorías descubiertas y destruidas y la extraña libertad de los culpables. Considerando la cantidad de fábricas descubiertas, las cárceles debían estar llenas de narcotraficantes, pero no es así. Alguien tendrá que explicar esta mágica desaparición de los delincuentes.

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Las explicaciones de las autoridades correspondientes, pretendiendo atribuir a la entidad encargada de reprimir y sancionar el narcotráfico, un alto grado de eficacia por la cantidad de fábricas que descubre, es una verdad relativa. Según investigadores dignos de confianza, esa cantidad deriva de dos componentes que se dan en este criminal negocio, por una parte, la generalización asombrosa de la fabricación y por otra la casi abierta y desafiante conducta de los narcotraficantes. Las cantidades de decomisos son reflejo del incremento asombroso de la fabricación y comercialización delictiva de la droga.

Reiterando lo que varias veces hemos dicho, en todo esto, la responsabilidad no es sólo de Bolivia, los consumidores próximos y distantes tienen una cuota mayor de participación en esta fenomenología inhumana y degradante. Mientras los países vecinos, Estados Unidos y Europa consuman cocaína, siempre habrá alguien que la produzca. Se trata de una ley inevitable no sólo de naturaleza económica, sino también social.