Tanto poder ¿para qué?


El MAS ya no tiene excusas para llevar adelante el cambio que prometió el 2005. La pobreza, es el verdadero reto de Evo Morales.

ElNuevoDia Editorial eldia.com.bo

El MAS ha obtenido un triunfo por demás de categórico en las elecciones de ayer, lo que le asegura un gobierno de cinco años de amplias libertades políticas, con una oposición menguada, casi inexistente, desde el punto de vista de un oficialismo para el que las minorías han contado muy poco o casi nada en los últimos cuatro años.



Esta victoria de Evo Morales, sin bien es más contundente en los números, no es más significativa que el 54 por ciento obtenido el 18 de diciembre de 2005. Aquella vez, el presidente no contaba con los millones que ha derrochado en la reciente campaña y su único capital era la esperanza de cambio de más de la mitad de los bolivianos que soñaban con derrotar a la Bolivia de la pobreza, de la corrupción, de la división y la exclusión.

El país de hoy sigue teniendo las mismas aspiraciones del 2005 y el “cambio” que trajo el MAS no se ha traducido en un mejor nivel de vida para los bolivianos. Ese poder que obtuvo el presidente en su primer triunfo no le alcanzó para conseguir que Bolivia abandone los últimos lugares de los índices socio-económicos latinoamericanos y en muchas ocasiones se habló en tono de pretexto, que si bien se había ganado el Gobierno no se había conquistado el poder. Sin embargo, este argumento no sirvió en el plano político ya que desde un primer momento al oficialismo le bastó y sobró para arremeter contra sus opositores hasta llevarlos casi a la destrucción, con el objetivo de erigir un régimen hegemónico con una alta dosis de autoritarismo.

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De cualquier forma, el MAS ya no tiene opción a excusas. Tiene todo el poder en el Congreso; ha menguado de manera significativa la oposición en las regiones; le ha arrebatado dos departamentos a sus acérrimos contrarios y en Santa Cruz, Beni y Pando ha registrado un avance que muy pocos esperaban.

¿Para qué puede servir tanto poder? En primer lugar para no aplastar, como bien se había prometido hace algunos meses. El revanchismo le ha traído odio y división a este país y esa es una deuda que se puede saldar en los próximos años a través de un Gobierno que conduzca su liderazgo racionalmente, con espíritu constructivo e integrador. Seguramente hoy existen muchos más motivos para cobrar revancha, pero eso sería llevar al suicidio al país.

En el plano económico el MAS necesitará todo ese poder para enfrentar un futuro que sin duda alguna será muy diferente a los años de relativa bonanza que le tocó transitar estos cuatro años. Los precios de las materias primas ya no son los mismos, nuestro gas ya no tiene mercados y las exportaciones siguen en picada. El Estado sufrirá una drástica reducción de sus ingresos y los gobernantes tendrán que usar su poder de convencimiento para hacerle entender a la población de que ha llegado el momento de la austeridad y del trabajo como único factor de desarrollo.

El poder del MAS obtenido el 2005 fue histórico, contundente, ampliamente facultativo, pero nadie puede afirmar que esa conquista cambió al país. Lo de ayer es un voto de confianza hacia el enorme liderazgo de Evo Morales, indiscutible y arrollador y una renovación de la esperanza en el verdadero cambio que debería comenzar a verse en la vida diaria de las grandes mayorías.