Un día tendrá que admitirlo


penoco Cuando en Bolivia se empezó a hablar de venderle Gas Natural Líquido (GNL) a México y Estados Unidos muchos pensaron que se trataba de un chiste ya que en muy pocos países se había probado esta tecnología que facilita el transporte. Más tarde se comprobó que el asunto era factible y en Bolivia, donde abundan los especialistas en hallar “peros’“, se inventó una guerra del gas para impedir ese negocio, usando a Chile como pretexto. Hoy, los barcos petroleros tienen que hacerle lance a la gran infinidad de buques que transportan GNL de un lado para otro y hasta nuestros clientes y potenciales compradores del gas boliviano –Argentina, Brasil y Chile-, ya son receptores de esas naves llenas del combustible que corre el riesgo de quedarse bajo suelo para siempre en Bolivia. Tal es el auge, que hoy existen barcos que realizan la transformación de gas en líquido a bordo de la nave y ya no necesitan gasoductos. Pero viene lo peor: los gasoductos, sobre todo los más extensos están pasando al olvido gracias al GNL. Un día Evo Morales tendrá que admitir lo que hizo el 2003.

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