Críticas a la política exterior de Lula


Marcelo Ostria Trigo

Marcelo-Ostria-Trigo-nov-hor Se han levantado voces –sin estridencias– cuestionando las recientes acciones internacionales del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

El señor José Serra, del Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB), al aceptar el 12 de junio la candidatura presidencial, expresó que él cree en los derechos humanos, “pero no sólo dentro de Brasil, sino en todo el mundo”. “No se puede elogiar continuamente –dijo– a dictadores de todos los rincones del planeta porque son o fueron aliados eventuales del partido de Gobierno” (BBC-Mundo, 13/06/2010), esto en alusión al apoyo de Lula a los regímenes de los Castro, de Hugo Chávez y de sus aliados, que son miembros del Foro de San Pablo y responsables de violaciones de las libertades democráticas.



Las críticas no se limitan al apoyo de Lula a los populistas latinoamericanos; también se dirigen a sus iniciativas en complicados problemas internacionales, como el de Israel y los palestinos y el del plan nuclear de Irán que se sospecha está orientado a fabricar armas atómicas.

Dentro y fuera de Brasil censuran las andanzas internacionales de Lula, que responderían a su afán de proyectarse personalmente como líder mundial para mejorar las posibilidades electorales de la candidata de su Partido dos Trabalhadores (PT) y, lo que sería más importante, para volver a competir, dentro de cuatro años, por la Presidencia, sin excluir la posibilidad de la secretaría general de las Naciones Unidas.

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El diplomático brasileño Sergio Amaral pregunta: “¿Por qué Brasil decidió participar en un conflicto tan complejo y explosivo como el programa nuclear iraní, en una región tan distante de nosotros y con un socio tan lejano de los valores e intereses de la sociedad brasileña?”. “La diplomacia brasileña no ha dado todavía una respuesta convincente”, añade. Es más: “La aventura de Irán es incomprensible, sobre todo cuando persisten varias disputas cerca de nosotros, que no hemos podido, o no intentado, mediar para lograr un acuerdo. Amaral señala el fracaso del presidente Lula da Silva en su intento de auspiciar una solución negociada, que sea aceptada por quienes objetan el plan iraní. El Consejo de Seguridad de las NNUU (Brasil es miembro no permanente), con el voto de 12 de sus 15 miembros, impuso nuevas y más severas sanciones a Teherán, rechazando así el acuerdo brasileño-turco-iraní sobre un procedimiento de enriquecimiento del uranio para Irán que, en opinión estadounidense, sólo serviría para dar más tiempo a Teherán en el desarrollo de sus planes nucleares. “Brasil no ganó nada con el acuerdo concertado con Irán, en cambio tiene mucho que perder”, concluye Amaral (O Estado de São Paulo, 12 de junio de 2010)

Amaral señala otros tropiezos diplomáticos de Lula da Silva: en Honduras, sin asilo formal, aceptó como refugiado a un presidente derrocado que incitaba al levantamiento “desde la terraza de la embajada de Brasil”. En Oriente Medio se ofreció a mediar entre Israel y Palestina, lo que fue rechazado por ambos; es más, “logró unir al Gobierno y a la oposición en Israel contra nosotros”.

No menos sorprendente es la resistencia brasileña, compartida con ‘chavismo’, en aceptar el retorno de Honduras a la OEA, que cuenta con un Gobierno electo por el pueblo en comicios inobjetables.

Habrá que concluir, como lo hace el embajador Amaral, que ahora Itamaraty sí improvisa.

El Deber