Por primera vez, una selección del Viejo Continente será campeona fuera de casa
Uruguay, último representante sudamericano eliminado ayer por Holanda (3-2) en semifinales de la Copa del Mundo, no pudo defender el honor de Sudamérica, que de esta forma quedará por detrás de Europa en títulos mundiales, dado que la final será 100 por ciento europea. Con la ‘Orange’ esperando en la gran final del domingo en el estadio Soccer City de Johannesburgo, Alemania y España protagonizarán la segunda semifinal que asegura un nuevo título a Europa, que hasta ahora nunca había conseguido una corona fuera de su tierra. En cambio, los americanos lo habían logrado dos veces, a través de las manos de Brasil, campeón mundial en Suecia-1958 con Pelé y en Corea/Japón-2002 con Ronaldo. Pero ahora la UEFA pasará a tener a partir del domingo diez cetros, mientras que la Confederación Sudamericana se estancó en nueve.
En 18 ediciones mundialistas previas a Sudáfrica, las coronas han quedado en manos de Brasil (5), Argentina (2) y Uruguay (2) por parte de los sudamericanos, mientras que Italia (4), Alemania (3), Inglaterra (1) y Francia (1) permitían una igualdad técnica perfecta, en un pulso que se definía en tierra neutral. Pese a su primera ronda con estrenos invictos de los sudamericanos, potencias de la región, y un hito inédito de cuatro equipos en cuartos de final, la Conmebol pinchó en los desafíos entre los ocho mejores (Brasil, Argentina y Paraguay eliminados) y Europa dio un golpe de autoridad.
Uruguay se bajó de la pelea por el título haciendo un papel muy digno, frente a una Holanda que busca justicia del pasado: fue dos veces finalista y perdió las finales de Alemania-1974 y Argentina-1978, en ambas oportunidades ante el anfitrión, aunque la más dolorosa fue la primera, con Johan Cruyff y su ‘fútbol total’ de la mano. En caso de una victoria del vigente campeón de Europa ante Alemania, el miércoles en Durban, Europa además sumará un combinado más a su lista de cuatro ganadores, mientras que América se quedó estancada en tres. Además, si gana la Roja de Vicente del Bosque, se producirá una final entre los únicos dos equipos que aterrizaron en Sudáfrica con pleno de victorias en sus eliminatorias, repitiendo las proezas que hicieron Brasil en 1970 y Alemania en 1982, aunque los germanos cayeron en la final contra Italia.
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De los 18 mundiales disputados hasta el momento, sin contar con el que todavía tiene lugar en Sudáfrica, en seis el equipo anfitrión se proclamó campeón, algo que no sucederá esta vez y que no ocurre desde hace 12 años, cuando Francia fue campeón en su país, en 1998. Los campeones anfitriones en la historia mundialista han sido Uruguay (1930), Italia (1934), Inglaterra (1966), Alemania (1974), Argentina (1978) y Francia (1998). Hasta el momento, se han disputado diez mundiales en Europa, siete en América, uno en Asia —el de Corea del Sur y Japón en 2002— y otro, el actual, en África. El próximo será en Brasil.
Los datos
Los campeones Hasta el momento se han disputado 18 mundiales y Sudamérica suma nueve títulos gracias a los cinco que acumula Brasil, los dos de Argentina y los dos de Uruguay. Los otros nueve han sido para selecciones europeas: Italia, cuatro; Alemania, tres, y Francia e Inglaterra, uno.
Fuera de casa
Por primera vez en la historia, una selección europea va a conseguir ser campeón fuera de su continente, ya que los nueve títulos que acumula fueron obtenidos "en casa". Sólo Brasil ganó dos veces el campeonato fuera de su continente.
Julio Peñaloza Bretel
Gana el que ataca: Holanda ha hecho puntuación perfecta en Sudáfrica. Si de acumulación de méritos –y de puntos— se tratara, ya sería el nuevo campeón del mundo, pero como este torneo está basado en el vida o muerte de la eliminación directa, podría quedar relegado al segundo lugar frente a equipos que perdieron partidos aparentemente ganables (España contra Suiza, Alemania contra Serbia).
Esta selección naranja no es siquiera la sombra de la soberbia naranja mecánica que dejó abatidos a quienes se habían ilusionado con ella en 1974, perdiendo frente a la siempre fría y pragmática Alemania. Aunque en el 78 contra Argentina no fue tan notable, un palo en el último minuto que hubiera puesto las cosas 2-1, habría evitado que Kempes se convirtiera en el héroe de la jornada para el 3-1 que le permitió el título a Argentina. Ayer quedó sellado que en esta copa gana el que va para adelante, el que demuestra mayor vocación ofensiva. No es casual, por ello, que equipos culturalmente defensivos, esta vez, hayan fracasado a la cabeza de Italia que tuvo que marcharse a casa de buenas a primeras, esta vez en estricta correlación con su escuálido rendimiento.
En la vereda de enfrente, Uruguay ratificó que la marca fundamental de su identidad es el coraje y el espíritu de lucha. Frente a un rival muy superior en la ocupación de espacios y en la iniciativa para manejar la pelota, nunca fue a menos, y a pesar de la disminución de su potencia con la que llegó al partido, producto de la no presencia de Luis Suárez, terminó perdiendo apenas. Charrúas corajudos, sin quererlo, nos dejaron el contramensaje: La lucha es importante, pero con la sola voluntad no alcanza.
Holanda tiene un medio campo que ha vuelto a demostrar, desde la táctica, que si se tienen jugadores solventes y rápidos para ocupar los ochenta metros que unen/separan las áreas grandes, las posibilidades de lograr el triunfo son enormes. En ese sentido, Robben y Sneijder volvieron a comandar un funcionamiento que por largos tramos fue dignamente combatido por los celestes, pero que terminó imponiéndose y por ello el marcador grafica perfectamente lo hecho por unos y otros.
Uruguay ha hecho mucho más de lo que según los papeles podía, y como ningún otro, Holanda ha sabido conseguir un triunfo capitalizando los garrafales errores cometidos por un adversario que nada menos se llama Brasil. Finalista por tercera vez, veremos si ahora se consigue rendirle tributo a esa escuela llamada Ajax, de la que en su momento supo ser capitalizador el Barcelona, el más holandés de los equipos españoles durante los 90 y principios del nuevo siglo.
Fuente: La Razón