Bienes y males…

Cayetano Entre paréntesis…. Cayetano Llobet T.

A Correa, en Ecuador, le salió bien el amotinamiento policial. Y es que en política, no hay ninguna oportunidad como la que ofrece un grupo de chambones. No tengo ninguna duda de que jamás se trató de un intento de golpe  -no había ninguna condición- y menos de intentar matar al Presidente, cosa que no se produjo a pesar de darse todas las condiciones. Hoy, Correa es más fuerte, es más popular y, sobre todo, es víctima. No he llegado en mis malos pensamientos a suscribir la hipótesis de algo armado desde el propio gobierno, pero tengo la convicción de que el alzamiento policial tuvo los mismos efectos que los de una intentona de golpe.  En el contexto regional se presentó de inmediato una reacción de defensa institucional porque ninguno de los presidentes latinoamericanos quiere verse sorprendido por una nueva Honduras. En ese contexto, a nadie debe asombrar que tanto Chávez como Morales vean los hechos en Ecuador como una  intervención directa del imperialismo yanqui y de sus lacayos infiltrados en instituciones y movimientos en los países que protagonizan espectaculares cambios revolucionarios. A Correa le salió bien.

A Lula le salió mal. Todo el proceso eleccionario de Brasil ha estado dirigido, orquestado, cargado sobre las espaldas populares de Lula. La mayor parte de los brasileños creyeron que, en realidad, Lula era el candidato por el que tenían que votar. Le consiguió todos los votos posibles a Dilma Rouseff, pero cuando el votante llegó a marcar su voto, se dio cuenta de que Lula no figuraba en la papeleta. Y que nadie se engañe: Lula jugaba al triunfo en primera vuelta. Tengo pocas dudas sobre el triunfo de Lula   -perdón, de Dilma-  en la segunda vuelta, pero nadie  esperaba el surgimiento de una tercera fuerza con nada menos que veinte millones de votos de respaldo. Ahora viene la tarea de seducción y para Marina Silva, Lula no es el mejor galán.



A Evo le salió mal. En un país que tiene como una de sus actividades más importantes el contrabando, hay que tener muy buenos asesores para contrabandear medidas disfrazadas de otra cosa, sin hacerse pescar. Razonamiento gubernamental: ¿quién puede oponerse a una ley contra el racismo?, nadie. Excelente para meter en el envoltorio del antirracismo el contrabando del posible cierre de los medios. Y si alguien se atreve a defender la libertad de expresión  -porque de eso se trata- es, sencillamente, un racista confeso. Una cosa es que el razonamiento del Presidente sea elemental y admirado por sus subordinados y otra, muy distinta, que toda la opinión termine comulgando con ruedas de molino. Y gracias a  su intento de contrabando, vuelve a exhibirse ante el país y ante el mundo como el autoritario que maneja a la instancia legislativa como a un sindicato  -lo dijo textualmente- y a los insubordinados, como a rebeldes a los que hay que castigar.

Le salió mal porque, además, tuvo la ingenuidad de confesar que hacía trampas, aunque hay que rescatar, sin cortes ni censuras, la deliciosa disertación del Vicepresidente explicando que la trampa de Evo fue, en realidad, la aplicación de una “estrategia  militar envolvente”…  ¡Una exquisitez para paladares finos! 

Mal, porque a los pocos días, el propio Presidente se encargó de borrar todas las finuras y le enseñó a su Vicepresidente que en la política, en la aprobación de leyes, en el ataque a los medios, los mejores resultados no pasan por la delicadeza de la estrategia envolvente sino, como en el fútbol, por la frontal, la directa y sin rodeos: la patada en los huevos.