Ecuador, mensaje para soberbios

correachavezyevo Definitivamente, el terremoto ecuatoriano le movió el piso al ALBA. El motín de la policía de ese país, devenida en movimiento social en defensa de sus incentivos profesionales, alarmó y movilizó rápidamente a los gobiernos “bolivarianos” del continente, demostrando una vez más que se trata de eslabones de un solo proyecto político trasnacional. El temor a un “efecto dominó” llevó a estos regímenes siameses a impulsar una pronta condena de las protestas bajo la teoría del golpe de Estado. Sin embargo, esta visión de los hechos no es acompañada por diversos actores de la sociedad civil ecuatoriana, nada sospechosos de “derechismo”, como el rector de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), casa de estudios superiores considerada la “Meca” del progresismo latinoamericano y de donde salieron el propio presidente Correa y varios de sus ministros. El rector Adrián Bonilla ha negado que existiera un intento de golpe ya que “nadie intentó deponer al presidente ni sustituirlo por otra autoridad”, elemento imprescindible en un proceso como el que denunciaron Chávez y sus aliados. De igual manera, el Consejo Nacional Indígena del Ecuador (CONAIE) definió los sucesos como una “crisis social” desatada por el autoritarismo del presidente y su negativa a dialogar sobre las nuevas leyes. Todo indica que lo realmente sucedido el día de ayer en Ecuador fue el desborde violento de una protesta con raíces legítimas, enardecida por el estilo confrontacional del mandatario ecuatoriano. Sin ir más lejos, Bolivia vivió jornadas muy similares en febrero de 2003, cuando fuerzas policiales se insubordinaron por cuestiones salariales, llegando incluso a hacer disparos contra ventanales del Palacio Quemado. No recordamos que Evo Morales o Hugo Chávez hayan denunciado un golpe de Estado en ese momento. Creemos que, en definitiva, el bloque chavista está manipulando los hechos para que el gobierno de Rafael Correa pueda perseguir a sus críticos, disolver el Parlamento (donde un sector del propio oficialismo se rebeló contra las directivas presidenciales) e incluso desactivar la iniciativa opositora para un referéndum revocatorio. En días venideros, el régimen de la “revolución ciudadana” se verá tentado a compensar su creciente fragilidad social con mecanismos represivos, algo que podría repetirse en otros territorios del ALBA. Una mala receta que sólo puede conducir a nuevos capítulos de violencia. Lo cierto es que los gobiernos neo-populistas no han podido solucionar los problemas socio-económicos estructurales de sus países, persistiendo altos índices de pobreza y desempleo que se convierten en verdaderas bombas de tiempo. Es una prueba más de su fracaso. En Bolivia, el descontento de los sectores sociales crece de manera exponencial y hay protagonistas de los combates de octubre que advierten con “luchar como en el 2003”. Ecuador es un mensaje para los soberbios, una muestra clara de que la prepotencia y el autoritarismo únicamente pueden generar conflictividad, y de que el diálogo siempre será el mejor camino.

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