Los cubanos prueban una leve dosis de capitalismo

Muchos se preguntan sobre su futuro tras ser despedidos por el Estado

Por un reportero de The Wall Street Journal

LA HABANA—Un paquete de reformas capitalistas del presidente Raúl Castro está creando algo nuevo para muchos cubanos: incertidumbre.

Desde 1959, cuando Fidel Castro entró en La Habana encima de un tanque, el Estado cubano le prometió a la población la certeza de que tendría empleos, comida, educación y cuidado de la salud. Nadie esperaba volverse rico con este acuerdo; el viejo chiste era que la gente hacía como que trabajaba y el Estado hacía como que le pagaba.



Esto podría cambiar con la decisión de Castro de eliminar medio millón de empleos públicos en los próximos seis meses, recortando la inflada nómina estatal que representa alrededor de 85% de la fuerza laboral cubana de alrededor de 5,1 millones de trabajadores.

En el Museo de la Revolución, en el corazón de la Vieja Habana, el gobierno despidió o jubiló seis empleados. A otros se los dejará ir a fines de año. "Por lo menos me prometieron mi pensión", cuenta una empleada a quien le dijeron que se retirara para fines de año y que no quiso dar su nombre. "¿Qué viene después? Eso es algo que no puedo saber".

Para cubrir la falta de empleos, el gobierno ha prometido que triplicará el número de negocios independientes, empujando a aquellos que alguna vez recibieron un cheque del gobierno al nuevo sector privado. Pero muchos detalles todavía no están claros, desde quiénes darán un paso adelante para fundar estas empresas hasta de dónde obtendrán el capital para comenzar.

"Es como que nos han dejado para que nos arreglemos solos", dijo Julio Gómez, un joven de 21 años que estudia agricultura en La Habana. Sin embargo, asegura, "si el presidente dice ‘se hará esto’, entonces se hará".

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The Wall Street Journal

Conductores de taxis públicos esperan en La Habana. Algunos de estos trabajadores podrían pasar al sector privado.

En La Habana, una ciudad de dos millones de habitantes, algunos burócratas están planeando su salida antes de que el gobierno los despida. "Me he dedicado a este trabajo por años, pero nunca pude vivir de él", dice Rodrigo, un economista en el Ministerio de Salud que cobra un sueldo mensual de US$20 y que planea solicitar una autorización para trabajar como conductor privado.

Rodrigo, que no quiso dar su apellido, tiene un punto de partida: en los últimos años, ha manejado con un letrero amarillo que dice "Taxi" en la ventana de su Lada ruso de los años 70. Cuenta que estaría contento si tuviera un permiso legal para manejar un taxi, pero ve riesgos en su futuro como emprendedor. Si deja su empleo público y su negocio decae, ¿a qué recurrirá?, se pregunta.

El gobierno, escaso de fondos, ha impulsado los recortes. Incluso los programas de deportes de Cuba —que ofrecen algún tipo de respaldo a cerca de 28.000 atletas— serán recortados casi a la mitad, de acuerdo con un alto funcionario de deportes, lo que hará mella en lo que alguna vez fue un orgullo socialista.

Funcionarios del gobierno publicaron hace poco una lista de 178 trabajos privados que están autorizados, entre los cuales están el de lustrador de zapatos y el de herrero, y aseguraron que el gobierno considerará dar préstamos a los emprendedores para que puedan comenzar sus actividades. "La medida de flexibilizar el trabajo por cuenta propia es una de las decisiones que el país toma en el rediseño de su política económica, para incrementar niveles de productividad y eficiencia", señaló un artículo publicado en el diario estatal Granma.

Los analistas han elogiado la decisión como una de las mayores sacudidas al sistema cubano de los últimos años. "Esto es importante", opinó Philip Peters, analista de Cuba en el centro de estudios Lexington Institute, de Estados Unidos. Raúl Castro, explicó, "tiene un diagnóstico muy severo de la economía cubana. Es un reformista lento, pero definitivamente es un reformista".

En la isla, la gente sigue mostrándose cautelosa. Algunas personas sospechan que una vez que la economía se recupere y los pequeños negocios comiencen a crecer, el gobierno apretará las tuercas a los emprendedores con regulaciones estrictas e impuestos altos.

Un restaurante en la calle Animas ofrece un ejemplo de estas frustraciones. Abierto en 1996 luego de un esfuerzo de Fidel Castro por impulsar la economía nacional tras del colapso de la Unión Soviética, el local nunca se expandió debido a una ley que limitaba a los restaurantes a solamente 12 sillas. "Son las reglas y uno vive con ellas", dice su dueño. Las nuevas normas permitirán 20 asientos.

Está por verse si estos cambios supondrán una diferencia para la economía cubana. El gobierno tiene limitadas reservas de moneda fuerte y una elevada deuda. Un anterior programa piloto que permitió las peluquerías independientes y los taxis privados no aportó mucho al crecimiento, y muchos de quienes estaban trabajando ilegalmente nunca recibieron licencias.

Los cambios orientados al libre mercado pueden tener dificultades para arraigarse en una sociedad en la que, durante el último medio siglo, las reformas han sido escasas. La mayor parte de la dirigencia política cubana está compuesta por ancianos veteranos de la era de la Guerra Fría, que ven la política en términos de otra época.

"Quizás haga falta que muera gente como yo para finalmente ver que este lugar cambie", reflexionó Juan Bautista Domínguez, un jubilado de un banco estatal. Domínguez tenía 14 años cuando la revolución comenzó en 1959. "Pero tenemos una generación más joven que creció esperando todo del gobierno. Puede que el futuro sea difícil", comentó.

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