El efecto dominó de una rebelión


Marcelo Ostria Trigo

MarceloOstriaTrigo_thumb1_thumb Todo empezó en Túnez, al que “por muchos años los países occidentales describieron (…) como un oasis de estabilidad”. “…Francia apoyó durante largo tiempo a Ben Alí como un aliado con el cual se podía hacer negocios y contar como freno de la militancia islámica que tanto inquieta a Occidente” (Gerardo Lissardy. BBC Mundo, 18/01/2011). Sin embargo, finalmente se tuvo que admitir que el régimen de Zine el-Abidin Ben Ali era autoritario y corrupto.

Los sucesos de Túnez se repiten en Egipto y la intranquilidad se extiende a todo el mundo árabe como marejada imparable. La crisis de Egipto, “el líder tradicional del Oriente Medio árabe, a pesar de una impopular paz con Israel, sigue siendo muy influyente”, preocupa especialmente a EEUU, pues se trata de su más estrecho aliado árabe que, en los años 70, cortó sus vínculos militares con la Unión Soviética a cambio de una ayuda estadounidense de $us 1.300 millones anuales.



Se informa de que mientras se agudiza la revuelta popular y se exige la dimisión del mandatario egipcio, en “las calles de El Cairo muchos manifestantes denuncian abiertamente a EEUU por su apoyo al presidente Hosni Mubarak. Afirman que el Gobierno de Obama ha mostrado sólo una tibia crítica al régimen”. Es más, un manifestante decía: “Ellos (los militares) nos están atacando con armas norteamericanas”. (Leila Fadel, The Washington Post, 30/01/2011).

Schneider Howard y Greg Jaffe, también de The Washington Post, coinciden en que “EEUU (…) tiene mucho que perder si los tanques, fusiles y helicópteros de fabricación estadounidense son utilizados para detener a los manifestantes. Una importante ofensiva con armas de EEUU es casi seguro que alienará al pueblo egipcio y a gran parte del mundo árabe”.

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La crisis de Egipto ha puesto a EEUU en una encrucijada. Carlos Chirinos, de BBC Mundo, apunta que “las protestas egipcias obligan a Washington a escoger entre un importante viejo aliado y las aspiraciones democráticas de la población”. Mahmud Sultan, columnista del periódico Almesryoon, dice: “El país parece encaminarse hacia un punto de inflexión histórico que puede cambiar más de un cuarto de siglo de injusticia, represión y miseria. Egipto nunca será el mismo después del 25 de enero”.

El domingo se informó de un inesperado giro: luego de cuatro días de choques de manifestantes opositores con la Policía, decenas de miles de egipcios que habían tomado las calles para demandar el fin del régimen de 29 años de Mubarak recibían, sorprendidos, la simpatía de los militares que se habían rehusado a bloquear la última manifestación. Los soldados hacían señales de paz, mientras resonaban los gritos de “¡Muera Mubarak!”. Sin embargo, hay cautela; se teme que esto sea sólo un intento de los comandantes militares de disminuir las tensiones.

“Un exitoso movimiento democrático en Egipto tendría implicaciones en todo Oriente Medio, ahora dominado por autócratas no elegidos”. Esto tiene que ser comprendido por EEUU y por Occidente, ya que, si no se ponen del lado de la insurgencia democrática, captarán mayor animadversión para beneplácito de los ayatolás de Irán y otros fundamentalistas.

Caído el autócrata Ben Alí de Túnez, no sólo el Presidente egipcio está en capilla; hay otros que también deberían escuchar la popular advertencia: “Cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar”.

El Deber – Santa Cruz