Después del triste papel hecho por la delegación gubernamental en la Cumbre de Cancún, cualquier foro global es bueno para tratar de levantar la desgastada imagen internacional del presidente. De ahí que Evo Morales se haya trasladado en su lujoso avión Falcon-Dassault de 38 millones de dólares a la inauguración del Foro Social Mundial en Dakar, donde lanzó su previsible discurso de “muerte al capitalismo” ante representantes de organizaciones sociales y ONGs tutoras de distintas partes del planeta. Aprovechando la ubicación geográfica de la conferencia, cercana a la región norafricana donde se han desarrollado las últimas revueltas, Morales intentó una elemental lectura del fenómeno, definiéndolo como una “rebelión de los países árabes contra el imperialismo”. Por supuesto, el “análisis” presidencial no tiene en cuenta ciertos datos fundamentales, que tal vez sus asesores hayan olvidado explicarle. Para empezar, los regímenes autoritarios en zozobra -aún cuando en las últimas décadas hayan sido vistos por Estados Unidos como “males menores” frente a la emergencia del radicalismo islámico- son derivaciones del viejo “socialismo árabe” o del nacionalismo “no alineado”, semidictaduras de partidos hegemónicos muy parecidas en sus prácticas seudo-democráticas al modelo que Hugo Chávez ha impulsado como “socialismo del siglo XXI”. De hecho, el pedido de los pueblos de Egipto o Túnez no es otro que el de avanzar hacia un sistema democrático similar al de Occidente. Desde luego, maniobrando en la coyuntura con la esperanza de capitalizarla a su favor habrá que contar a los islamistas radicales, alentados por el Irán de Ahmadinejad, de donde seguramente proviene la visión de los hechos asimilada por Evo. La buena noticia es que, junto a la relativa debilidad de estos movimientos, surgen oposiciones laicas como la que lidera en Egipto el Premio Nobel de la Paz Mohammed ElBaradei, el mismo que, cuando presidía la agencia de energía atómica de la ONU, le propuso al presidente Morales cooperación para explotar el uranio de Bolivia de manera pacífica, desligándolo de los planes nucleares iraníes. En segundo término, no parece haberse enterado Evo del temor despertado por estas revueltas en China y Cuba, cuyos gobiernos ya están tomando medidas para evitar que el virus de la libertad se esparza a través de Internet. Más que aplaudir la inestabilidad en países rivales al régimen de su aliado fundamentalista Ahmadinejad, haría bien el presidente en comprender que estas rebeliones surgen cuando hay gobiernos que buscan perpetuarse en el poder, cerrándole las puertas a la alternancia, persiguiendo opositores y, como sucedió recientemente en el Egipto de Mubarak, saqueando la economía popular mediante políticas que generaron el alza de precios…