La mira internacional puesta en la práctica del coqueo tiene que ver con la sospechosa actividad que en los últimos años se desarrolló en torno a la producción de hojas de coca en Bolivia. El presidente Evo Morales es un ferviente defensor del tradicional consumo de la hoja de coca en el altiplano. Incluso llevó su impulso a reuniones de la JIFE en Viena. Pero no convenció al mundo. Eso también quedó reflejado en el informe difundido ayer.
La oficina de la ONU a cargo del control de estupefacientes instó al gobierno boliviano a "adoptar políticas más eficaces para la eliminación del cultivo del arbusto de coca y de la producción de hojas de coca". Y dio su opinión sobre lo que los especialistas internacionales consideran que ocurre en Bolivia: cada vez hay más posibilidades de desvío de la producción hacia laboratorios de cocaína. Marcó, además, una señal de alarma al apuntar que la potencial producción de hojas de coca es la más alta en los últimos 15 años. Se estimó en 40.000 toneladas.
La lógica establecida por la ONU determina que deben disminuirse los consumidores de hoja de coca para que retroceda la producción final de cocaína.
La Nación – Buenos Aires
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