Los soldados son amenazados por sus superiores para callar las agresiones que reciben. “Cuando son agredidos los obligan a decir que se accidentaron para recibir atención medica”.
Los insultos, golpes y castigos que sufren los jóvenes que realizan el servicio militar durante su estadía en los cuarteles todavía continúan siendo un secreto bien guardado entre las tropas.
Con el fin de evitar represalias en su contra, los soldados prefieren no revelar las agresiones de parte de sus superiores hasta terminar el servicio militar, o unos años después cuando comienzan a sufrir las consecuencias de las agresiones físicas.
Tras la muerte del subteniente Grover Beto Poma Guanto en la Escuela de Cóndores de Bolivia en Sanandita (Tarija) Favio, un joven cochabambino, que realizó su servicio militar en el cuartel RI5 Campero de Tarija decidió revelar la cruel situación por la que atraviesan las tropas en los cuarteles, para evitar que otros jovenes sean maltratados.
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“Lo importante es no decir nada y no quejarse, porque si lo haces te llevas un castigo”, dijo.
Junto a 90 jóvenes, Favio ingresó al servicio militar en diciembre de 2007, y para su llegada al cuartel un grupo de 100 soldados ya había cursado 6 meses el servicio militar.
“Toda la rabia que ellos tenían por los castigos que recibieron se la desquitaron con nosotros, pero cuando mi grupo recibió a los nuevos soldados también hizo lo mismo. Es como una cadena de venganza y de rabia que surge allí adentro”, agregó.
Favio y sus compañeros recibieron al inicio del curso una amenaza del jefe de tropa para no decir nada acerca de los castigos que podían recibir durante todo el año.
Cuando Favio es consultado acerca de su experiencia en el cuartel, recuerda que los peores momentos fueron los de hambre. Según sus superiores, el presupuesto no era suficiente para comprar la comida.
“En la mañana desayunábamos fangoyo (maíz con agua), a mediodía nos servían almuerzo con segundo, pero en pocas raciones y cuando nos castigaban, directamente no comíamos”, manifestó.
Pero, lo peor de todo era el consumo que tenían que hacer los soldados del agua de un pozo, que tenía bichos y que también era usada para el aseo personal.
Una de las primeras tareas que tuvo que cumplir Favio al llegar a ese cuartel fue la fabricación de ladrillos y el recojo de leña.
Les dijeron que ambos materiales iban a ser empleados en la construcción de una nueva infraestructura para el cuartel, pero luego de terminar la fabricación, ninguno de los soldados vio ni el ladrillo, ni la leña. Sospechan que los materiales fueron vendidos a los comunarios de la zona.
Una de las etapas más crueles que vio Favio fue el rescate de cinco de sus compañeros que habían escapado del cuartel, para tratar de retornar a sus ciudades de origen.
“Estaban a pocos kilómetros del cuartel, los salimos a buscar y cuando los encontramos, nuestros superiores los castigaron amarrándolos con cadenas en los pies, les echaron agua y gas en el cuerpo y al día siguiente no les dieron comida”, contó.
Luego del castigo, los cinco soldados desistieron de abandonar el cuartel, pues si continuaban con esa intención iban a recibir más agresiones.
Además de estos cinco soldados, Favio vio cómo otros dos fueron castigados en diferentes circunstancias.
“A un compañero lo mandaron a hacer la prueba de supervivencia, le dijeron que tenía que cazar quirquinchos, pero cuando se metió en el bosque, otros soldados lo atacaron y lo golpearon hasta mandarlo al hospital”, dijo.
Otro de sus compañeros perdió uno de los dedos de la mano cuando ayudaba a un coronel a reparar su vehículo. Mientras el soldado trataba de ayudar, el auto retrocedió y le pisó el dedo que luego le tuvieron que amputar.
CONTROL
Casi al finalizar el curso, el Comandante de la Tercera División visitó el RI5 Campero para controlar el cumplimiento de los derechos humanos en ese lugar. A su llegada el Comandante del cuartel, que antes había amenazado a los soldados, les pidió a éstos que dijeran la verdad acerca del respeto a sus derechos en el cuartel.
“Nosotros pensábamos que él quería que revelemos los abusos, así que todos hablamos”, dijo.
Luego de que el Comandante de la Tercera División recibió las quejas abandonó el lugar y todos los soldados fueron castigados.
Trotaron durante toda la noche en el patio cargando las gomas de las llantas de camión en la cintura y al día siguiente no recibieron comida.
Los derechos.
Personal de tropa
Recibir toda la información necesaria del Servicio Militar Obligatorio antes de ingresar al cuartel. Recibir una remuneración económica para cubrir gastos personales en el cuartel, alimentación adecuada, servicios médicos adecuados.
Abusos
Los principales abusos a los derechos humanos que se cometen por parte de las autoridades o personal de las unidades militares al personal de tropa se refieren a la alimentación inadecuada, atención medica inoportuna; privación de la remuneración; ejercicio de la violencia a través de malos tratos; impedimento del descanso diario; en feriados o domingos; negación de salidas de franco; arresto en forma arbitraria; incentivo de peleas y prestación de servicios en actividades ajenas.
Corrupción
En la unidad R-15 de Tarija, los soldados fueron inducidos a dejar pasar 3 camiones de contrabando a Paraguay, a cambio de una bolsa de coca. El jefe de Guardia recibió una coima.
Sanción a los responsables
La agresión física o psicológica, dependiendo el daño que se cause en el personal de tropa o en el pre militar, puede ser sancionada con un llamado de atención en casos leves y con la disminución del puntaje de los militares en casos graves, de acuerdo al Reglamento de Sanciones y Faltas de los Militares. En algunos casos de gravedad, el militar también puede ser dado de baja. La reducción de puntajes es una sanción importante para los militares, pues pueden ver postergado su ascenso y su carrera militar.
Cuando un militar comete una agresión a los alumnos también debe hacerse cargo del pago de todos los daños causados, desde los gastos médicos de internación y medicamentos, hasta los tratamientos psicológicos.
Los gastos deben ser cubiertos por el agresor hasta que la víctima quede totalmente recuperada y pueda reinsertarse nuevamente a la sociedad. En caso de que esto no suceda, la víctima debe hacer una denuncia a la Asamblea Permanente de Derechos Humanos o al Defensor del Pueblo.
Caso Poma.
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De febrero murió el subteniente Grover Poma Guanto por una lesión traumática craneal “durante el desarrollo de la materia Combate Cuerpo a Cuerpo”.
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Militares del Regimiento Challapata son juzgados por presuntas torturas a conscripto.
“Cuando son agredidos los obligan a decir que se accidentaron para recibir atención medica”
Pamela Ledezma
Asamblea de Derechos Humanos
Según la representante de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Cochabamba, Pamela Ledezma, los jóvenes que son agredidos durante la prestación de su servicio militar y premilitar son obligados a decir que sufrieron accidentes, para que el registro médico en el Hospital Militar no responsabilice a ninguno de sus superiores.
P.: ¿Cuál es la situación que viven los jóvenes en los cuarteles?
R.: El maltrato que sufren es guardado en reserva para no perjudicar a los militares, a tal extremo que cuando hay daños de consideración, el personal de tropa es obligado a decir que sufrió un accidente para que en el registro del Hospital Militar no se ponga en riesgo la carrera de ninguno de los militares.
Creemos que para evitar esto, los jóvenes no debían recibir atención médica en la Corporación del Seguro Militar (Cossmil), porque en algunos casos el hospital también calla los actos violentos.
P.:¿Existen denuncias de maltratos en los cuarteles?
R.: En Cochabamba, desde el 2005 hasta la fecha, hemos registrado tres casos, en uno de ellos se ha identificado al autor de la agresión en un cuartel de provincia, pero el caso no ha prosperado, pese a que ha sido denunciado al Ministerio Público.
Las principales causas para que no prospere el caso se deben a que los responsables fueron cambiados de las unidades militares donde se registró la agresión, porque la víctima hizo conocer el caso dos años después de que salió del cuartel, es decir, el 2007.
Los otros dos casos denunciados no fueron remitidos a la Fiscalía porque las víctimas no recordaban los nombres, ni los rostros de sus agresores.
Cuarteles de la Séptima División sin denuncias
Cnl. Sergio Miranda
Jefe DDHH Séptima División
Al ingresar a las oficinas de Derechos Humanos de la Séptima División, un letrero de las estadísticas de transgresiones a los derechos llama la atención por la ausencia de casos registrados y es que desde hace cuatro años no existen denuncias de maltrato físico o psicológico al personal de tropa y a los premilitares, indicó el jefe de esta unidad coronel Sergio Miranda
Según Miranda, las razones de la ausencia de denuncias de parte del personal de tropa y los premilitares se debe al cambio de actitud de los oficiales, subalternos, sargentos y el personal superior de los cuarteles en Cochabamba.
“Desde que se implementaron los talleres de capacitación de derechos humanos para el personal y para los alumnos se ha tomado conciencia del respeto a los mismos en los cuarteles.
Hubo un cambio de actitud impresionante”, manifestó, a tiempo de señalar que las clases acerca de este tema han permitido que ambas partes conozcan cuáles son los límites en el trabajo de instrucción que se debe llevar dentro de las unidades militares.
Señaló que Cochabamba es el departamento que lleva la vanguardia en este tema a nivel nacional, situación que, según Miranda, se debe a que en el departamento solamente existe una unidad de especialización que es el Centro de Instrucción de Tropas Especiales (CITE).
Para denunciar los abusos que se pudieran registrar también se implementó un buzón de quejas de transgresiones a los derechos humanos en cada una de las unidades militares. Éste es un mecanismo para que los soldados puedan denunciar mediante una carta explicando el tipo de maltrato que sufrieron y a la persona que infringió sus derechos. Para garantizar que la denuncia siga su curso y haya una sanción, el buzón es revisado cada 15 días por Miranda junto a un soldado elegido al azar.
Jhenny Nava, periódico OPINIÓN