El presidente Bashar al Asad prometió el jueves más libertades y prosperidad a los sirios, mientras aumentaba el descontento después de que la policía reprimiera a manifestantes causando la muerte de al menos 37 personas.
Mientras una consejera de Asad leía en Damasco una lista de decretos, que incluyó un posible fin al estado de emergencia tras 48 años, un grupo de derechos humanos denunció el arresto del conocido activista pro democracia Mazen Darwish.
En ciudad de Deraa, en el sur del país, un empleado de un hospital dijo que al menos 37 personas murieron el miércoles cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra manifestantes inspirados por otras revueltas que han hecho tambalearse a líderes autoritarios en el mundo árabe.
Anunciando medidas que parecían casi inimaginables hace apenas tres meses en Siria, la consejera de Asad, Bouthaina Shaaban, dijo en una rueda de prensa que el presidente no había dado la orden de disparar contra los manifestantes.
"Yo fui testigo de que Su Excelencia dio instrucciones de no usar munición, incluso si mataban a policías o efectivos de las fuerzas de seguridad", destacó.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
La consejera explicó que Asad redactará leyes para ofrecer libertad de prensa y permitir otros movimientos políticos además del Partido Baath, que gobierna Siria desde hace medio siglo.
Asad, que reemplazó su padre Hafez al Asad en 2000, ha decretado la preparación del borrador de una ley de partidos políticos "que se presentará a debate público" y se esforzará por mejorar el nivel de vida en la nación, dijo Shaaban.
La consejera presidencial dijo que otro decreto tratará de "terminar con gran urgencia la ley de emergencia, además de emitir leyes que aseguren la seguridad de la nación y de sus ciudadanos".
Muerte en Deraa
Las fuerzas de seguridad abrieron fuego el miércoles contra cientos de jóvenes en las afueras de Deraa, dijeron testigos, tras casi una semana de protestas en las que habían resultado muertos siete civiles.
El principal hospital de la ciudad en el sur de Siria, cerca de la frontera con Jordania, había recibido los cadáveres de al menos 37 manifestantes muertos el miércoles, dijo un responsable del hospital.
Unas 20.000 personas marcharon el jueves a los funerales de nueve de los muertos, cantando por la libertad y negando declaraciones oficiales de que personas infiltradas y bandas armadas estaban detrás de las muertes y la violencia en Deraa.
"Los traidores no matan a su propia gente (…) Dios, Siria, Libertad. La sangre de los mártires no se derrama en vano", cantaban en un cementerio ubicado en el sur de la ciudad.
Mientras soldados sirios con AK-47 recorrían las calles de la ciudad, los vecinos vaciaban comercios de bienes básicos y decían que temían que el Gobierno intentara aplastar la revuelta a la fuerza.
Asad, un aliado cercano de Irán con un papel clave en el vecino Líbano y que respalda a grupos extremistas que se oponen a Israel, había rechazado hasta ahora las crecientes peticiones de reforma en Siria, un país de 20 millones de personas gobernado por el Partido Baath desde un golpe militar en 1963.
Un comunicado del Gobierno culpó a "bandas armadas" de la violencia.
Evocan la masacre de Hama
Ante la ola de violencia, algunos recordaron una masacre ocurrida en 1982 en Hama, cuando el padre de Asad envió tropas a la ciudad conservadora para aplastar al brazo armado de los Hermanos Musulmanes, causando miles de muertos.
Grupos de derechos humanos calculan que al menos 20.000 personas murieron en Hama.
"Si el resto de Siria no se levanta el viernes, estaremos enfrentándonos a una aniquilación", dijo un residente de Deraa, refiriéndose a las plegarias del viernes, el único momento en que los ciudadanos tienen permitido reunirse sin autorización del Gobierno.
Pero la atmósfera hoy es muy diferente a la de 1982, cuando Siria era apoyada por la Unión Soviética y sus gobernantes, de la religión minoritaria alauí, estaban consolidando su control en el país contra los oponentes religiosos y laicos sin serias críticas de la comunidad internacional.
Assad, que se enfrenta a críticas crecientes de Occidente por el baño de sangre en Deraa, "no está en contra de ningún ciudadano sirio", dijo más temprano esta semana el vicepresidente sirio Faruk al Shara.
Los manifestantes en Deraa, una ciudad principalmente suní, han esbozado eslóganes contra la alianza del Gobierno con Irán, una nación chií, rompiendo un tabú sobre criticar la política exterior siria.
Deraa ha sido un bastión tradicional del Partido Baath, pero en los últimos días se ha convertido en un foco de protestas sin precedentes contra el presidente Asad.
Reuters