El caso Rózsa desestructuró el poder cruceño

Investigación. Tres batallas simultáneas se desarrollaron en Santa Cruz desde que se hizo público el caso Rózsa. Han sido dos años intensos para los actores –desde uno y otro polo del país–, que se enfrentaron en el campo político, mediático y jurídico. Un cruceño bien informado no tiene dudas y concluye que el gobierno de Evo Morales se ha impuesto en los dos primeros y que el judicial será el más complicado, de difícil pronóstico.

image Movilización en Santa Cruz para exigir Autonomía al Gobierno central, en 2008. Foto El Deber

Las victorias gubernamentales en el campo político y mediático en la región opositora provocaron fuertes fracturas en la institucionalidad cruceña que había logrado enarbolar un solo discurso contra la administración de Morales.

Tras  los acontecimientos señalados, se desató una especie de guerra de baja intensidad cuyas secuelas ya se manifiestan en la renovación de los cuadros dirigenciales como el Comité Pro Santa Cruz, la Cámara de Industria, Comercio y Turismo de Santa Cruz (Cainco) y probablemente en las cooperativas, según los datos que Los Tiempos ha recogido de Santa Cruz.

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Hoy hay renovación institucional en Santa Cruz, que es el resultado de una especie de ajuste de cuentas porque desde el año 2009 se han descubierto (al menos se han filtrado) entre ellos no muy pocos trapos. Éste no es asunto que se vaya a hablar con facilidad en Santa Cruz, pero sí es parte de la comidilla en los cafés, como en los de la avenida Monseñor Rivero. Las sospechas de unos contra otros se multiplicaron y cada uno desde su espacio, anda y circunda en un ambiente donde la hipersensibilidad y el cálculo abundan.

“Siempre sostuve que el Comité Pro Santa Cruz, la Unión Juvenil Cruceñista y la Prefectura, hoy llamada gobernación, estaban infiltradas. Todo lo que se planificaba lo sabía el gobierno y tomaba sus recaudos sobre los temas definidos”, dice David Sejas, hoy con asilo político en Brasil bajo la denuncia de persecución política en Bolivia.

La vivencia de un dirigente opositor de la primera gestión de Evo Morales (2006-2010) es elocuente. Vive en Santa Cruz y ha decidido no hablar del caso Rózsa porque el gobierno y los opositores de la región lo tienen marcado. Como otros, tiene información sobre este asunto, pero ha preferido mantener su fuente de trabajo y evitarse dolores de cabeza.

“Me tomé  la libertad de investigar a cada uno de los que asistían a las diferentes  reuniones y me encontré con la gran sorpresa de que grandes personajes estaban pasando información al gobierno; ellos hoy se quitaron las máscaras”, añade David Sejas, quien evita dar nombres para sostener su afirmación.

Los procesos judiciales que prosiguieron al operativo policial de abril del 2009, las citaciones judiciales hechas desde La Paz para un caso que había ocurrido en Santa Cruz y las denuncias de persecución política, incluso en foros internacionales, bajaron el protagonismo de sus cuadros más destacados como el perfil de sus asesores.

¿La Torre?

Y, ¿quién no sabía de la existencia de La Torre? ¿Quiénes no se han sentido vinculados de una y otra manera con la casa de campaña que propugnó y definió la ruta de la autonomía?, se pregunta un analista político de Santa Cruz.

Y un periodista con años de trayectoria en la prensa cruceña, que pidió el anonimato, recuerda que La Torre era pues una especie de “war room” que analizaba la coyuntura, la contraponía con el proyecto regional y definía planes de acción. Ergo, generaba información.

No era pues un ente desconocido para los liderazgos cruceños. Por el contrario, fue el puente para el encuentro entre posiciones diversas, las generadas desde el Comité Pro Santa Cruz, la Prefectura del departamento y las cabezas que controlaban las cooperativas y empresas de la región.

Juan Alberto Kudelka, uno de los imputados del caso Rózsa y ex brazo derecho de Branko Marinkovic, testimonia en su declaración de marzo de 2010, lo siguiente: “En la Torre se hacía una reunión política todos los días. Daban línea para la campaña, las reuniones eran dirigidas por Luis Orlando Justiniano. Siempre estaba Beto Costas Aguilera, Norah Soruco apoyando con el tema de prensa”.

La Torre señaló el camino de Santa Cruz durante toda la gestión del primer gobierno de Morales. Desde 2006, cuando el Comité Pro Santa Cruz era dirigido por el hoy senador Germán Antelo, Kudelka, según su declaración, ya trabajaba para La Torre por instrucciones de su jefe, Marinkovic.

“Lo que pasa es que La Torre era pues el sitio donde la propuesta del Comité Pro Santa Cruz y la Prefectura acercaban posiciones”, añade una de las personas consultadas por Los Tiempos en la capital oriental.

Dos años después del operativo de abril del 2009, el gobierno, mediante el viceministro César Navarro, admite que La Torre “ha sido creada como un espacio de análisis y de administración de los recursos económicos que muchos cruceños pusieron. A La Torre no solo aportaron los grupos de poder, también ciudadanos que contribuyeron desde Bs 20. Muchos creyeron en la autonomía”.

Sin embargo, La Torre se convirtió en un asunto desconocido. Y en una mala palabra, luego de que las investigaciones del caso Rózsa concluyeran que desde este espacio se desvió dinero para el grupo del “periodista Germán Aguilera”, como se hacía llamar el miliciano de tres nacionalidades.

Allí está el caso del hoy gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, quien aseguró que nada tiene que ver con el grupo La Torre, lo que ha provocado que empresarias como Kathy Rabsuck o ex colaboradores suyos, cuestionen la falta de transparencia del entonces prefecto.

Luis Orlando Justiniano fue gerente general de La Torre. Era el responsable de la administración y coordinación de la oficina “donde se articulaba la institucionalidad cruceña. Recibía líneas de comunicación, definía las campañas autonómicas y las ejecutaba, según relató Luis Alpire, quien fuera jefe de gabinete del prefecto Rubén Costas.

Justiniano salió del país sin haber respondido a la Fiscalía por el caso Rózsa y no haber respondido por la administración de los recursos que aportaron los cruceños, criticó el viceministro Navarro.

En ese contexto y después que estallara el caso Rózsa, un analista cruceño dijo a Los Tiempos: “Esta es una batalla entre los grupos de poder que aún tienen influencia y quienes hoy están lejos. Las cosas han cambiado en el Comité Cívico y en Santa Cruz”.

Un periodista con años de trayectoria en Santa Cruz, que pidió anonimato, recuerda que La Torre era una especie de “war room”. Allí se analizaba la coyuntura, la contraponían con el proyecto regional y definían planes de acción. Ergo, generaba información

Los Tiempos – 30/04/2011