El “desprendimiento” del comandante

Sergio P. Luís

RaulCastro Parecería que el comandante Raúl Castro, el sucesor, por herencia cuasi monárquica, de su impedido hermano Fidel, comparte con éste la idea de que todos –menos ellos– somos ingenuos o estúpidos. Son ya demasiadas las veces en ellos salen con alguna idea solemne y estrafalaria, que cae en la categoría, según la jerga rioplatense de la “avivada criolla”, es decir que pretenden “vender buzones” a pajueranos sorprendidos.

Ahora se trata de “rectificar” una abusiva demasía del hermano mayor; la de haber detentado el poder, ciertamente a sangre y fuego, por más de 50 años, claro está sin elecciones, que son elementales para la alternancia democrática. El “nene” Raúl les ha dicho a los comunistas cubanos reunidos en su primer congreso partidario desde 1997, o sea después de 14 años, que ha llegado a “la conclusión que era aconsejable limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años la duración de los mandatos políticos y cargos fundamentales del Estado". No hay duda que el viejo comandante –Fidel–-, si supo que eso iba a decir su hermanito, habría sido una de las causas de su ausencia de ese aparatoso y costoso cónclave. Porque este es un cambio inédito entre los líderes comunistas que se aferran al poder hasta su muerte: Lenin, Stalin, Mao, Tito, etc.



¿Habrá entrado la sensatez en la familia de los Castro –hay una honorable disidente: su hermana Juanita, refugiada en Estados Unidos–, o se trata de una nueva patraña? Parece que Raúl se da cuenta de que le conviene lanzar mensajes de esperanza, y así pretender que se cambie la imagen brutal de su régimen, limitando la duración dinástica indefinida a diez años.

Ya Raúl Castro se ha embarcado en el desmantelamiento de la economía socialista, pero parece que nunca va a transigir en dar las libertades democráticas para sus conciudadanos. El “pibe” de los Castro, ha esperado décadas para suceder a su hermano. Tuvo que enfermarse el anciano y llegar a una suerte de demencia senil, para que le toque el turno. Pero ahora cae en la cuenta de que el tiempo no le alcanzará para un dilatado reinado: tiene 79 años, y es dudoso que cumpla el período de diez años como presidente de la isla. Se da, entonces, la repetición hipócrita de “après moi, le déluge”.

Sería creíble su honestidad si, con decencia, renunciara ahora y dejara el espacio libre, convocando a elecciones multipartidarias honestas, lo que corresponde a una veraz conversión democrática.

Mientras tanto, a sus seguidores sólo les queda rezar porque se prolongue la vida del pequeño comandante, y procurar que no vayan a llegarle las contagiosas corrientes de rebelión del Magreb y el Medio Oriente, que asoman también en China.

En este continente, ¿se habrán preocupado los otros candidatos a “eternos”: Chávez, Correa, Ortega, Evo e, inclusive, la viuda del Río de la Plata, Doña Cristina?