El Hornero y el Tarajchi

Andrés Ortega T.*

ORTEGA Existe en América una pequeña ave, sencilla, muy sencilla, sin las galas del pavo real, sin la majestad del cóndor de los Andes, sin la increíble velocidad del colibrí, sin los hermosos colores de los papagayos, una pequeña ave, sencilla, muy sencilla.

Jamás fue la envidia de Edith Piaf, pero si pudiera cantar seguro que “Non, je ne regrette rien” sería su canción favorita, es una pequeña ave, sencilla, muy sencilla, que además tiene un nombre humilde, tan humilde como El carpintero, solo se llama Hornero.

Tal vez ni sea su nombre, es solo su apodo, su chapa, su nombre se perdió en la historia del hombre. Esta ave, sencilla, muy sencilla, hace el trabajo duro, ve la aurora es el primero entre todas las aves en trinar y trabaja, buscando ramitas y tierra y agua y pequeñas piedras y trabaja.

La naturaleza le ha otorgado un doctorado honoris causa, en ingeniería civil, título que jamás fue a recibir porque ese evento no estaba en su agenda, aunque creo que en realidad solo quería contradecir a Warhol.

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Con los planos en su memoria, dedica su vida al futuro, trabaja incansablemente, sin delicado vuelo, sin poses, sin pausas, buscando el lugar más alto, más difícil me imagino, día tras día su pequeño pico y sus patitas construyen una casa, trabajo duro, su única recompensa es su pareja y el sol y la mejor vista del mundo, dedica su vida al futuro, la dedica a sus hijos.

Hasta tres meses puede durar esta tarea, a veces menos a veces más, es como unos cinco años en la vida de un humano, no sé si esa casa que parece un hornito es la mejor del mundo, no sé si es la mejor hecha, no sé si es la más hermosa, pero lo que sí sé es que la hace y le cuesta muchísimo y trina cuando avanza y trina cuando deja de llover.

Pero a veces la vida le tiene una sorpresa, el Tarajchi, perverso animal que despoja sin juicio ni alegato al pobre hornero del fruto de su trabajo, con la única razón de la fuerza, este animal se introduce en la obra que jamás construyó, proclamando ser patrón de lo que no puede hacer, mucho más grande que el hornero, destruye con su cuerpo parte de la obra, torpe y abusivo pregona el cambio de dueño.

El gobierno del Tarajchi.

Lo que este animal no sabe, es que una vez que el hornero reacciona, toma fuerza y con las mismas ganas que construyó su hogar, ahora despojado, construye una pared para tapar la entrada dejando dentro a su opresor.

Pero esa, creo que es otra historia.

*Diputado nacional